El presente texto pretende abordar el desarrollo y la evidencia científica de las Intervenciones Asistidas con Animales (IAA) y, en concreto, de las Terapias Asistidas con Animales (TAA) en el ámbito psicológico. Se hará un repaso desde la concepción de ambas, sus principales aplicaciones y beneficios en distintas poblaciones, así como la evidencia disponible. De la misma forma, se prestará especial atención a las intervenciones que se realizan en medio acuático, incluyendo aquellas realizadas con mamíferos marinos, examinando su potencial terapéutico añadido y las críticas existentes. Finalmente, se reflexionará sobre las limitaciones actuales de la investigación en este campo y sobre la importancia de garantizar criterios rigurosos de calidad científica y bienestar animal en el diseño e implementación de estas intervenciones.
Las Intervenciones Asistidas con Animales (IAA) se definen como prácticas planificadas en las que participan animales con el fin de promover beneficios en diferentes ámbitos y objetivos educativos, lúdicos, ocupaciones o relacionados con la salud, entre otros. Las IAA favorecen la expresión emocional y de conducta social y son un recurso al que se recurre cada vez más como tratamiento para problemas específicos o como coadyuvante a otros tratamientos psicológicos (Gravrok et al., 2019). Inicialmente fueron interacciones informales con mascotas orientadas a una mejora genérica del bienestar en el humano (Beck y Katcher, 1984). Hoy sin embargo, se plantean con una orientación hacia beneficios más específicos, sobre todo relacionados con lo social y lo emocional, la autoestima, la seguridad y reducción del estrés (Geist, 2011) y han mostrado mejoras conductuales y emocionales en diversas poblaciones (López-Cepero et al., 2012) incluyendo autismo (Claverol et al., 2017) y discapacidad intelectual (Pelegrín et al., 2017).
Las Terapias Asistidas con Animales (TAA) en el ámbito psicológico son intervenciones estructuradas que persiguen objetivos terapéuticos personalizados para la persona o el grupo destinatario y que deben ser aplicadas por un equipo multidisciplinar en el que participe, al menos, un profesional de la psicología con la habilitación correspondiente (en España, PIR o Máster en Psicología General Sanitaria). Asimismo, requieren un proceso de evaluación sistemático antes, durante y después de la intervención para valorar su evolución y resultados (Oropesa et al., 2009). En cuanto a la evidencia disponible, las revisiones centradas específicamente en TAA muestran resultados generalmente consistentes, aunque con limitaciones metodológicas relevantes. Chen et al. (2022), tras analizar 11 artículos, señalan que las TAA (principalmente con perros) se asocian con mejoras en síntomas psicológicos, depresivos y conductuales, si bien no se observan efectos significativos sobre la calidad de vida, las actividades de la vida diaria o la agitación. De forma complementaria, Carrillo (2023), a partir de 12 estudios, concluye que estas intervenciones contribuyen a reducir hipervigilancia, evitación, ansiedad, estrés y sintomatología depresiva, y a mejorar el bienestar emocional y el apoyo social; además, la participación de perros se relaciona con mayor adherencia al tratamiento y menor aislamiento, mientras que la intervención con caballos se vincula a incrementos en confianza y autoestima. En la misma línea, Lecuona (2020), tras revisar 20 estudios, confirma que los perros son los animales más utilizados, seguidos de caballos y gatos, y destaca como principales limitaciones la predominancia de diseños cualitativos o descriptivos, junto con la escasez de medidas objetivas y la falta de estandarización en los ensayos.
En el contexto de las IAA, las propuestas realizadas en medio acuático con mamíferos marinos se han asociado con efectos como mayor relajación, incremento de la motivación y posibles beneficios socioemocionales, si bien la evidencia disponible continúa siendo limitada (Teixidor & González, 2017). Cuando el foco se restringe a las TAA acuáticas, la literatura muestra resultados más heterogéneos, especialmente en el caso de los delfines. Algunas revisiones críticas sostienen que no existe evidencia suficiente para respaldar efectos terapéuticos sostenidos en el tiempo y atribuyen esta conclusión, en parte, a limitaciones metodológicas relevantes en los estudios revisados (Marino y Lilienfeld, 2007). No obstante, investigaciones posteriores han explorado posibles mecanismos y efectos a corto plazo, señalando activación de áreas cerebrales vinculadas con la atención y el procesamiento cognitivo (Moreno et al., 2021). Además, se ha destacado que el medio acuático puede facilitar la coordinación motora y la relajación muscular, y que la presencia de delfines podría asociarse con incrementos en atención, comunicación no verbal y disposición a la interacción social en jóvenes con necesidades especiales y sus familias (Fernández-Clemente et al., 2014). En conjunto, estos hallazgos sugieren un potencial de las intervenciones acuáticas, pero también refuerzan la necesidad de diseños más rigurosos para delimitar con precisión qué efectos pueden atribuirse específicamente a TAA y cuáles se relacionan con componentes no específicos de la experiencia acuática.
A pesar de la eficacia señalada en distintos estudios, las investigaciones sobre IAA y TAA presentan frecuentemente limitaciones metodológicas relevantes como la ausencia de grupos de control, la falta de asignación aleatoria y el uso de muestras pequeñas, lo que reduce la solidez de los hallazgos. En muchos casos no se realizan mediciones pre y post intervención ni se controlan variables individuales externas que podrían influir en los resultados (Lecuona, 2020). Estas carencias, ampliamente señaladas por revisiones críticas del campo, comprometen la validez interna y externa de los estudios, dificultan la replicación y limitan la posibilidad de establecer conclusiones firmes (Marino y Lilienfeld, 2007). A ello se suma la elevada visibilidad mediática del ámbito, que a menudo contrasta con la limitada calidad metodológica de parte de la evidencia disponible (López-Cepero et al., 2012).
Un aspecto que no podemos perder de vista es que el bienestar animal debe constituir un principio fundamental en AA y en las TAA, ya que desde un punto de vista bidireccional estas interacciones deben generar beneficios tanto para la persona como para el animal, cuidando al mismo tiempo el binomio humano–animal (Ng, 2021). En este sentido, los organismos internacionales destacan que un elevado nivel de bienestar no se limita a la ausencia de sufrimiento, sino que implica la promoción activa de oportunidades para que los animales expresen conductas propias de su especie (World Organisation for Animal Health [WOAH], 2018). En consecuencia, cualquier programa de IAA o TAA debe incorporar criterios explícitos de bienestar animal y mecanismos de supervisión continuada que garanticen intervenciones éticas y sostenibles para ambas partes.
En conjunto, la evidencia disponible sugiere que tanto las IAA como las TAA pueden aportar beneficios relevantes en la vida de las personas, especialmente en perfiles vulnerables a dificultades psicológicas y en personas con diversidad funcional y/o necesidades especiales, siendo los efectos más consistentes los vinculados al funcionamiento social y al bienestar emocional. Aunque la mayor parte de las intervenciones se realizan con perros, gatos, caballos y, en menor medida, delfines, también se han explorado otras especies con potencial de contribución según objetivos y contextos. No obstante, para consolidar y precisar estos hallazgos resulta imprescindible avanzar hacia investigaciones metodológicamente más robustas, con evaluaciones más completas y diseños estandarizados, que permitan reforzar y ampliar la evidencia disponible y superar las limitaciones actuales del campo.
Asignatura: Trabajo Fin de Máster

