La migración irregular procedente de África desde 1990 ha estado protagonizada a menudo por hombres jóvenes que viajan solos en busca de oportunidades. Sin embargo, durante los últimos años se ha evidenciado un aumento de la presencia femenina, junto a la mejora de las estadísticas desagregadas por sexo y el desarrollo de estudios específicos sobre migración femenina, lo cual ha contribuido a superar esa idea tradicional en los análisis migratorios. De hecho, en este contexto -finales de los años 90 y principios del siglo XXI- empieza a hablarse de la feminización del discurso de las migraciones.
Los datos oficiales sobre las rutas marítimas desde África hacia el estado español muestran un incremento sostenido de mujeres y niñas en contextos de alto riesgo, hasta el punto de haber alcanzado un 42% del total de personas que transitan estas rutas..
Si atendemos a las principales vías de entrada, observamos que del total de mujeres registradas, un 47% llegó en patera a Canarias, mientras que un 44% lo hizo a través de las costas de diferentes ciudades andaluzas y un 3% de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla. Más de la mitad de las mujeres que llegan a centros de acogida como los de la Fundación EMET, indican haber experimentado un trayecto migratorio superior a tres meses. De ellas, un 49% llevaba más de seis meses fuera de su país de origen.
Más allá de estos datos cuantitativos, resulta imprescindible analizar las condiciones de vulnerabilidad que atraviesan las mujeres a lo largo de todo el proceso migratorio. Esta vulnerabilidad no se limita al momento del cruce marítimo, sino que se extiende, en muchos casos, durante meses e incluso años, convirtiéndose en un periodo prolongado de incertidumbre, violencia y precariedad. En otros términos, el acto de cruzar una frontera puede tener un coste que puede ir desde la retención de documentación, explotación laboral y discriminación hasta amenazas de secuestro o extorsión contra familiares en el origen. Testimonios recogidos por obras audiovisuales como la del cineasta Ike Nnaebue, narran episodios de violencia sexual, trata de personas, abusos y agresiones que envuelven a las mujeres, precisamente por su condición de mujer que viaja sola. Pero además estos actos de violencia se dan por parte de intermediarios (que pueden ser a su vez varones y mujeres), redes de tráfico o incluso agentes de seguridad.
Según Rafael Ríos (jefe del proyecto “A-TIPSOM: lucha contra la trata de personas y migración irregular en Nigeria”), a fecha de julio de 2018, existían 40.3 millones de víctimas de trata actualmente en el mundo, de las cuales el 71% son mujeres y el 25% menores de 18 años. Este elevado número, se debe a que la explotación es mayormente sexual.
El objetivo de este texto es ofrecer una perspectiva que reconozca la agencia -entendida como la capacidad de tomar decisiones y elaborar estrategias en contextos de extrema vulnerabilidad-, de las mujeres en todas sus formas. Con esto no pretendemos negar la violencia como parte estructural de muchas rutas migratorias, sino más bien hacer visibles esas otras respuestas ante el ejercicio de poder. En este sentido, la agencia no sólo está presente en la decisión inicial de migrar, sino también en la construcción de redes de apoyo, creadas a lo largo del trayecto.
Tomando nuevamente como punto de referencia el documental titulado De Nigeria a Marruecos – En busca de una vida mejor en Europa, lejos de ver a las mujeres migrantes como figuras pasivas, hay que verlas como sujetos cuya agencia descansa en la producción de vínculos de solidaridad y alianzas que les permiten continuar en el viaje (entre otras). Entre estas podemos destacar las ayudas económicas enviadas por amigas/hermanas que lograron llegar al destino, la circulación de información sobre rutas, peligros y condiciones marítimas, o el apoyo que se dan entre ellas, en las ciudades de tránsito o espera. De este modo, la agencia ya no se interpretaría únicamente en términos individuales, sino que adquiere un carácter colectivo.
Si hablamos de agencia femenina, hay que abordar también su papel activo en fenómenos como la trata de personas. Así pues, para abordar este último punto nos centraremos en la figura de la madame, tomando como fuente principal el documental llevado a cabo por Deutsche Welle y titulado Trata de personas y prostitución forzada sobre el tráfico de personas desde Nigeria hasta Europa.
En este contexto, la figura de la madame ocupa una posición central en la organización de esas redes criminales. De forma general, el término designa a una mujer que ejerce funciones de intermediación, supervisión y control sobre otras mujeres explotadas, principalmente en el ámbito de la prostitución forzada. Sin embargo, reducir su papel a la mera categoría de principal explotadora y gestora del negocio de la prostitución forzada resulta analíticamente insuficiente. Y es que casi todas ellas, tienen en común no solo haber atravesado el proceso migratorio, sino también haber sufrido la explotación sexual.
Para comprender este fenómeno es necesario explicar el mecanismo por el cual las jóvenes ingresan en este sistema de trata. A menudo desde Nigeria, se les promete un trabajo en Europa en sectores como el cuidado, la hostelería o la peluquería. De esta forma el viaje es financiado en un inicio por la red criminal, lo que genera una deuda que deberán pagar al llegar al país de destino. Ahora bien, antes de la partida, son sometidas a rituales de juramento conocidos como juju mediante los cuales se comprometen a saldar la deuda, desconociendo la manera en la que tendrán que hacerlo, y a no denunciar a quienes facilitan el viaje. Por lo tanto, esa deuda pasa también a convertirse en espiritual.
Aquí, el papel de la madame está, en primer lugar, en la captación de jóvenes desesperadas por la situación económica en la que se encuentran, en la promesa de trabajos legítimos en Europa y por último en la revelación del trabajo obligatorio para saldar la deuda y en el control del mismo. El fenómeno adquiere una estructura circular, ya que en la mayoría de los casos, una vez han logrado su libertad, regresan a Nigeria para exhibir su riqueza incentivando a otras familias a enviar a sus hijas bajo la falsa promesa de prosperidad. En otros términos, podemos hablar de un negocio de esclavitud moderna en la cual la madame se encarga de convertir la vulnerabilidad y la pobreza en un negocio rentable, a partir del cual se beneficiará adquiriendo poder.
En síntesis, este escrito busca no sólo desafiar la narrativa histórica que presentaba a las mujeres como meras acompañantes en las rutas migratorias, sino también evidenciar cómo las mismas, se convierten en sujetos con agencia en este proceso. Sin embargo, reconocer la agencia femenina implica también asumir su carácter ambivalente, ya que no se limita a prácticas de apoyo mutuo frente a la violencia estructural, sino que puede darse también en la reproducción de relaciones de dominación, como ocurre en el caso de la madame dentro de las redes de trata.
Asignatura: Antropología de las Relaciones Internacionales

