En las últimas décadas, el ámbito de la interpretación y la traducción hacia y desde las lenguas de signos ha registrado grandes avances. En este trabajo, el enfoque se pondrá principalmente en la traducción de las lenguas de signos, con especial atención a la lengua de signos italiana (LIS).
Hoy en día, la traducción hacia y desde la LIS es una profesión aún no reconocida, a diferencia de la interpretación en lenguas de signos. Además, tanto la comunidad sorda como la de los intérpretes de las lenguas signadas (LS) consideran a menudo que estas lenguas son interpretables, pero no traducibles (Celo, 2015, p. 7). El objetivo de este trabajo es, por tanto, demostrar que es posible hablar de traducción hacia y desde las lenguas de signos, sin excluir los desafíos y las peculiaridades de esta profesión, que inevitablemente constituyen un obstáculo añadido.
Los principales desafíos que enfrentan las personas sordas en la lectoescritura son originados tanto por diferencias entre sistemas vocales y signados, como por diferencias culturales relacionadas con la percepción del mundo. En primer lugar, las lenguas signadas no cuentan (al menos todavía) con un sistema de escritura propio. En segundo lugar, las lenguas vocales y signadas difieren por su naturaleza material: mientras que las primeras se componen de aire que vibra, las segundas se basan en la luz, ya que los fotones rebotan en las manos y llegan a los ojos de quien “escucha”. Además, las lenguas vocales son secuenciales y lineales, mientras que las lenguas de signos son tridimensionales, estructuradas en un sistema visual y simultáneo, lo que hace que el tránsito de un sistema a otro no sea ni simple ni inmediato. Finalmente, desde un punto de vista ontológico, el sistema cognitivo de la persona sorda no es el mismo que el de la persona oyente; esta ruptura ontológica implica una percepción y una construcción del mundo a través de una lente distinta para el sordo (Buonomo y Celo, 2010).
El papel principal de intérpretes y traductores es trasladar mensajes de un idioma a otro. Lo que distingue principalmente a estas dos figuras profesionales es el medio a través del cual se transmite el mensaje: el intérprete traduce el mensaje de forma oral, mientras que el traductor trabaja mediante textos escritos. En cuanto a las lenguas signadas, el trabajo de un traductor que opere entre la lengua escrita y la lengua de signos aún no se encuentra dentro de un perfil profesional claramente definido, a diferencia del intérprete en lenguas de signos. De hecho, en 1964, con la creación del RID (Registry of Interpreters for the Deaf), en los Estados Unidos se reconoció la interpretación en lengua de signos como una profesión. Antes de la creación del RID, quien desempeñaba el papel de mediador entre sordos y oyentes era un voluntario caritativo, que conocía la lengua de signos y el mundo de los sordos, por ejemplo, los CODA- es decir hijos e hijas oyentes de personas sordas (Buonomo y Celo, 2010, p. 64).
Como ya se ha mencionado anteriormente, la lengua de signos italiana, al igual que muchas otras lenguas tanto orales como signadas, no cuenta con un sistema oficial de escritura. Sin embargo, es posible abordar la traducción a la lengua de signos. En este caso, se hablaría de la traducción intersemiótica, que es la única forma posible de traducción entre lenguas que no comparten el mismo plano de expresión, es decir el mismo canal: por un lado, el vocal y escrito, y por el otro, el manual-oral. Por lo tanto, cuando nos enfrentamos a la traducción de textos orales, estamos ante semióticas totalmente separadas a nivel del plano de la expresión, mientras que en el plano del contenido -el significado- la posibilidad de traducción sigue siendo un desafío abierto.
La traducción entre la lengua escrita y la LIS requiere el uso de tecnología y herramientas específicas debido a las diferencias semióticas y materiales entre ambas lenguas. Esto implica el uso de equipos como CD, DVD, software, dispositivos de grabación de audio y video, cámaras, auriculares y micrófonos. Este tipo de traducción sigue modalidades y tiempos muy diferentes a otros tipos de traducción, ya que involucra una transición compleja entre sistemas de expresión que requieren de tecnología avanzada, razón por la cual sería necesario considerar diferentes métodos de cálculo para determinar la estructura de las carpetas de traducción y su remuneración, tomando en cuenta las particularidades de la traducción hacia las lenguas signadas.
Retomando lo que se acaba de afirmar, la traducción en LS implica la creación de material visual con fines culturales e informativos, pero todavía carece de una metodología estandarizada que garantice una transición eficiente desde la lengua escrita hacia la LIS. Profesionales en el área de la traducción en LS, con un enfoque innovador, han diseñado y definido los pasos clave de este proceso traductivo, dedicándose a identificar las etapas fundamentales para una traducción fluida y eficaz. El primer paso consiste en un análisis exhaustivo del texto, de la autoría, del periodo histórico en el que se sitúa, del contexto político y social de referencia y el contexto de destino. Seguidamente, se realiza un análisis detallado del texto original, la intención comunicativa, el registro empleado y la organización de la información dentro del mismo (Celo, 2015).
Una vez completado este análisis inicial, sigue una fase de paso interlingüístico artificial entre la lengua del texto de partida y la del texto de llegada. Este paso implica la reestructuración del texto escrito, adaptándolo a las normas y estructuras de la lengua de signos, lo que a menudo requiere parafrasear y reorganizar la información. Este intertexto, reflexionado y elaborado de forma escrita, se asemeja al proceso cognitivo denominado intramórfico, que ocurre casi de manera inconsciente durante la interpretación simultánea y el aprendizaje de la lectoescritura en las infancias sordas signantes (Celo, 2018). De hecho, cuando una persona sorda usuaria de la lengua de signos escribe o lee, realiza un acto traductivo, enfrentándose a un proceso de transición desde un texto en signos, que forma parte de su pensamiento y expresión, hacia un texto escrito en italiano (escritura) o viceversa (lectura).
En conclusión, a lo largo de este trabajo hemos explorado la complejidad y las posibilidades de la traducción hacia las lenguas de signos, con un enfoque en la LIS, un campo emergente que, a pesar de los desafíos inherentes a la falta de una forma escrita establecida, ha demostrado ser viable y esencial para la inclusión de la comunidad sorda. Al analizar los métodos y los obstáculos del proceso traductivo entre lenguas orales y las LS, se ha evidenciado la importancia de abordar no solo las barreras lingüísticas, sino también las cognitivas, sociales y culturales. Aunque las lenguas de signos no cuenten con una escritura formal, la traducción intersemiótica y el uso de tecnologías especializadas permiten una transición efectiva entre los diferentes sistemas de expresión. El proceso de traducción en LIS involucra una serie de pasos fundamentales, desde el análisis profundo del contexto del texto original hasta la fase interlingüística, que busca adaptarlo de manera precisa al contexto visual-gestual. En resumen, aunque la traducción a LIS se enfrenta a retos importantes debido a la naturaleza única de esta lengua y sus estructuras, es una tarea posible y necesaria.
Asignatura: Lengua Española 3

