Numerosos elementos culturales llevan la huella distintiva de cada nación. No obstante, entre ellos hay muchos que reciben gran popularidad. Un ejemplo de ello es la comedia. Este estudio investiga y analiza lo que se considera aceptable e inaceptable en la comedia entre dos países: Japón, una nación oriental, y España, una nación occidental. En Japón existe un tipo de comedia tradicional llamado manzai. Este formato consiste en una actuación a dúo en la que uno de los comediantes desempeña el papel de boke, quien hace comentarios absurdos, y el otro, llamado tsukkomi, corrige y reprende al primero, a menudo acompañando sus palabras con un golpe simbólico en la cabeza. Aunque en Japón esto se interpreta como un recurso humorístico, en España suele percibirse como un acto de violencia. Esta diferencia despertó nuestro interés por comparar los límites de tolerancia del humor en ambas culturas.
Un ejemplo ilustrativo es la stand-up comedy, un género muy extendido en Estados Unidos pero que no suele causar tanta gracia al público japonés, posiblemente porque carece del elemento del tsukkomi. En un contexto estadounidense, chistes como “Mi esposa es maravillosa… es muy especial porque tiene la nuez de Adán sobresalida” provocan risas por lo inesperado del remate; sin embargo, el público japonés rara vez los encuentra divertidos. Este contraste demuestra que los mecanismos que generan la risa difieren según la cultura. En España, los chistes se valoran por la sorpresa final o la creatividad del giro humorístico. En cambio, en Japón, la precisión verbal del tsukkomi, los gestos exagerados y las acciones físicas se han convertido en recursos humorísticos comunes, especialmente en la televisión.
En los últimos años se han reforzado las normas de cumplimiento, y la industria televisiva ha comenzado a cambiar. Es decir que el humor japonés se ha vuelto pacífico. Igualmente, en España también se fue entendiendo el humor de Japón, como indica Matsushima: “Tradicionalmente se ha descrito el humor japonés como algo peculiar y difícil de comprender fuera de Japón, especialmente para el público occidental. Sin embargo, en los últimos años, la acogida en España de producciones cómicas japonesas en el campo del manga y del anime, del cine, e incluso, de las actuaciones de los monologuistas, refuta esta idea y nos permite formular la hipótesis de que las temáticas y fórmulas humorísticas populares en ambas sociedades comparten ciertas características, a pesar de la distancia cultural que las separa” (2021, p.249). Como dice aquí, el anime y el manga han llegado a ser leídos, y la risa japonesa está siendo entendida en España. Por consiguiente, existen diferencias significativas entre Japón y España en cuanto a la representación de la violencia y los rasgos físicos en el humor. Cuando esto se convierte en un problema, la atención se centra a menudo en la dignidad de la persona objetivo de la burla.
Otro formato común es la técnica de la broma. Por ejemplo, los cómicos son sorprendidos mientras duermen tranquilamente, cuando el equipo de cámara irrumpe en la habitación, despertándolos con agua fría o ruidos fuertes, mientras sus reacciones son captadas por cámaras ocultas. El problema radica en que esta filmación se realiza en el domicilio del comediante sin su consentimiento. En este formato, se enfatiza la reacción real del sujeto, lo que constituye el núcleo del entretenimiento. Estas prácticas han sido aceptadas en Japón porque su cultura de alto contexto permite interpretarlas como bromas afectuosas en lugar de abusos. Según Ban (2020), estas situaciones funcionan dentro de un marco similar al de un juego, en el que los espectadores y los comediantes comparten la premisa de que la humillación forma parte de la actuación profesional. Al exagerar sus reacciones, el comediante entretiene al público, aunque eso le cause dolor.
Sin embargo, trasladar este escenario a España aumenta su gravedad jurídica. Lo que se considera actuación profesional en Japón puede percibirse como inapropiado o ilegal en España. La sentencia 12/2012 del Tribunal Constitucional establece que el uso de cámaras ocultas constituye una intrusión ilegal por sí misma, y que las justificaciones basadas en el interés público o el consentimiento implícito no son válidas (Alegría, 2019). Dado que esta sentencia se refiere a investigaciones periodísticas, es razonable deducir que su uso con fines de entretenimiento también es inapropiado.
En España existen programas de bromas como «Gala Inocente, Inocente», pero estos funcionan como parte de actividades benéficas y se llevan a cabo en espacios públicos. También cabe señalar que hace tiempo se suspendió un programa llamado «Sálvame», en el que se avergonzaba a los participantes. Hay otros elementos cómicos que en España se consideran tabú, que es burlarse de la apariencia física. En Japón, frecuentemente hablan de la apariencia para hacer risa. Existen insultos como “debu” (gorda), “hage” (calvo), que se utilizan con frecuencia.
¿Por qué en Japón este tipo de humor es tan aceptado?
En primer lugar, la autocrítica se considera una virtud. La modestia está profundamente arraigada, por lo tanto, en el humor japonés la persona exponga sus propios defectos antes de que otros lo hagan. Con ello, el cómico puede evitar que El público cargue con la responsabilidad del ataque. Por ejemplo, la gordura implica otros rasgos graciosos, como la estupidez, la dejadez o la indulgencia excesiva (Hirschfield, 2023). En la comedia manzai, las personas pesadas o calvas suelen encargarse de papeles cómicos.
En segundo lugar, existe una tradición cultural de reírse de la apariencia física. En aquella época, en caricaturas o satíricas se utilizaban rasgos físicos como recursos cómicos. Aunque en la Europa medieval existieron costumbres parecidas, hoy en día, este tipo de humor fue restringido por razones sociales y de discriminación, mientras que en Japón siguió apareciendo mucho en la tele.
¿Por qué géneros como la ironía, los juegos de palabras y la sátira social, comunes en España, no son tan aceptados en Japón?
En cuanto a los juegos de palabras, probablemente en Japón ya existían formas propias de entretenimiento lingüístico, como el rakugo o el haiku, que impidió que este tipo de humor se desarrollara en el manzai. En cuanto a la ironía y la sátira social, se analizará en el próximo párrafo.
Aquí, comparamos los tabúes en el humor entre Japón y España, especialmente en lo que se refiere a la religión y política. Primero hablamos sobre los tabúes religiosos y luego sobre los políticos. En Japón, la influencia del sentimiento religioso es bastante baja. Por eso, aunque se traten motivos budistas o sintoístas en la comedia, rara vez se convierten en un «tabú» serio o casi nunca provocan una gran indignación social (Matsushima, 2021). Por ejemplo, hay muchos mangas y animes con bromas sobre el infierno o Buda en popularidad, pero casi nunca hay movimientos de protesta contra ellos.
En España, las tradiciones de la Iglesia católica, muy arraigadas en la sociedad gracias a siglos de historia, han creado una fricción constante con los límites legales definidos por el humor y las deposiciones del Derecho Penal sobre «sentimientos religiosos». El límite de la blasfemia ha sido objeto de debate jurisprudencial a través de casos de enjuiciamiento (Manadé-Rodríguez y Rodríguez-Álvarez, 2018a). Lo que sugiere que romper los tabúes religiosos es una práctica cultual habitual en la sociedad española. Por otro lado, con el humor político son totalmente opuestas. En Japón, las comedias televisivas tienden a evitar los temas sociopolíticos (Matsushima, 2021). Sin embargo, hay bromas sobre los políticos en el manga y en internet, lo que indica que la expresión satírica no está totalmente ausente.
En cambio, en Europa y España, la sátira y la ironía son fundamentales para la comunicación y la democracia sana. De hecho, a diferencia de Japón, se considera que la enseñanza del humor irónico es educativamente importante (Manadé-Rodríguez, 2018b). Programas como «Polònia» son un buen ejemplo. En el programa, parodian al primer ministro y su escándalo, se conciertan en material para bromas. Esto se acepta generalmente como una forma legítima de expresión dentro de una sociedad.
De la comparación anterior se desprende que las diferencias entre los dos países no se deben tanto a las expresiones en sí mismas como a los trasfondos culturales que las sustentan. En Japón se aceptan la autocrítica y las burlas sobre la apariencia, mientras que la religión y la política tienen poca propensión a ser tabúes. En España, sin embargo, se considera importante el respeto por la dignidad personal y la sensibilidad religiosa; mientras que las bromas sobre el aspecto físico se evitan por lo general, la sátira política y los juegos de palabras son aceptados. Por lo tanto, lo que constituye el «humor» y dónde se encuentran sus «límites» difiere notablemente entre culturas. La comparación del humor de estas dos naciones permite comprender lo que cada sociedad valora y cómo consideran las relaciones con los demás.
Asignatura: Estrategias de Comunicación en Contextos Formales

