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Una mayoría en la sombra: la paradoja de la feminización en la traducción española

por | Feb 20, 2025 | Traducción

CÓMO CITAR ESTE ARTÍCULO

Recio Gómez, Lucía (2025, 20 de febrero). Una mayoría en la sombra: la paradoja de la feminización en la traducción española. VIRTUAM. https://virtuam.net/2025/02/20/una-mayoria-en-la-sombra-la-paradoja-de-la-feminizacion-en-la-traduccion-espanola/

En un mundo donde cada vez más mujeres ocupan el espacio de la traducción profesional en España, podría parecer que la feminización del sector ha traído consigo el reconocimiento y la visibilidad que merecen. Sin embargo, la realidad describe un cuadro distinto: a pesar de ser mayoría, las traductoras siguen operando en las sombras, sin el prestigio y visibilidad que sus colegas hombres parecen obtener con mayor facilidad. ¿Qué fuerzas están en juego detrás de esta paradoja? ¿Por qué el aumento de mujeres en la profesión no ha venido acompañado de un incremento equivalente en su reconocimiento? Este trabajo se sumerge en estas preguntas, partiendo de la hipótesis de que la feminización de la traducción en España no ha implicado una mejora proporcional en la visibilidad y reconocimiento de las traductoras.

En 1928, Virginia Woolf insistió durante una serie de conferencias que «una mujer debe tener dinero y una habitación propia si va a escribir ficción» (Woolf, 2016). De esta manera, subrayó la necesidad de independencia y reconocimiento para las mujeres creadoras a la vez que buscaba reivindicar la visibilidad de las mujeres en el ámbito literario. Es inquietante pues, que este reclamo siga cobrando especial relevancia hoy en día, especialmente cuando se traslada al campo de la traducción.

La traducción es una tarea casi tan antigua como la lengua, pero resulta paradójico que la desempeñada por mujeres haya sido una profesión de naturaleza relativamente reciente. Desde la antigüedad, era encomendada a varones (Vallejo, 2024, p.48-49), pero, Con el tiempo, se consideró una vía aceptada para canalizar la creatividad femenina, puesto que no ponía en duda la superioridad creadora del hombre (Godayol, 2000). Esto se debe a que la traducción ha sido vista como una actividad pasiva y subordinada a la escritura, reflejando así una estructura social que relegaba a las mujeres a roles menos importantes. Como resultado, ha constituido una tradición histórica que condiciona el estatuto de la profesión y sus profesionales (Agorni, 2005, p.819; Chamberlain, 1988, p.455).

A finales del siglo XX y principios del XXI, varias traductoras comenzaron a reivindicar la igualdad de género en su profesión resaltando la doble invisibilidad que sufrían: por dedicarse a una tarea considerada secundaria y por ser mujeres (Simon, 1996, p.1).  En España, el incremento de mujeres universitarias y su entrada al mercado laboral en el siglo XX propició la feminización de la profesión. Sin embargo, las mujeres fueron dirigidas hacia trabajos relacionados con los servicios y actividades domésticas, reforzando así los estereotipos de género en sus ocupaciones (Ibáñez, 2008, p.89). En consecuencia, gran parte de los trabajos son, incluso hoy en día, mayoritariamente femeninos o masculinos (Hakim, 1998).

Las profesiones consideradas “femeninas”, como la filología o la psicología, no se relacionan con estereotipos de cuidado o habilidad manual (Anker, 1998), sino con una supuesta menor capacidad en ciencias y matemáticas (Ibáñez, 2008, p.95). La traducción no es un caso aislado y ha sido sujeto de debate: la feminización de la profesión se puede explicar también teniendo en cuenta que estudios como el realizado en la Universidad de Yale y dirigido por Jane Taylor apuntan que el género femenino tiene más facilidad para aprender competencias lingüísticas. Otros medios apuntan a que todo depende de las preferencias, fruto de la educación social recibida. Como tradicionalmente a las mujeres se les las ha caracterizado por una mayor necesidad de relacionarse y comunicarse que a los hombres, tienen más facilidad e interés por el aprendizaje de lenguas y mayor interés, de ahí la mayor competencia lingüística (Pimentel, 2019). Lo que sí es indiscutible es que, sea cuales fueren las causas, en la traducción reinan las mujeres, aunque sin llevar corona.

La feminización de la traducción en España es innegable, pero este aumento no ha conllevado un crecimiento paralelo en el reconocimiento profesional de las mujeres. Aunque el número de alumnas en estudios de Traducción e Interpretación ha crecido, con cifras que muestran una mayoría femenina en las aulas (Arbizu, 2024), este predominio no se ha traducido en un aumento equivalente en el prestigio o la visibilidad de las traductoras.

En el ámbito profesional, la traducción literaria ha seguido un proceso de feminización, como demuestran los datos del Libro Blanco de la Traducción de 2010, donde el 54,1% de los traductores literarios las profesionales en el ámbito de la traducción literaria eran mujeres. Esto se debe, en parte, a cómo las agencias de traducción seleccionan a sus traductores, con las mujeres recibiendo encargos menos prestigiosos y, a menudo, negociando en desventaja. De hecho, a principio de los años noventa, según Manuel Rodríguez Rivero, en lo relativo a editoras, ellas “resultaban más baratas que los hombres”, lo que contribuyó a su mayor presencia en ese sector, pero también a la precarización de su trabajo (Rodríguez, 2011).

Las traductoras se enfrentan a su vez a una brecha salarial. Según el informe de ACE Traductores de 2003, los hombres suelen recibir mejores contratos, con porcentajes superiores de derechos de autor, especialmente en aquellos con más de quince años de experiencia. Esto tiene un impacto directo en el reconocimiento, ya que los hombres, al traducir más clásicos, reciben más premios, debido a que las editoriales suelen confiar más en ellos para traducir obras de mayor prestigio.

En cuanto a las criticas literarias, los traductores varones también reciben una mayor proporción de valoraciones positivas en comparación con las mujeres. Fruela Fernández, en su análisis de reseñas en diferentes periódicos, demuestra que los hombres obtienen el 71,86% de las críticas de calidad, frente a las mujeres que reciben tan solo el 23,29% (Fernández, 2011). Este desequilibrio se extiende también a los géneros más valorados por la crítica, como la poesía y el ensayo, donde los traductores masculinos tienen una mayor presencia y visibilidad, mientras que las mujeres predominan en géneros comerciales, como la narrativa, que atraen menos atención crítica.

La menor visibilidad de las traductoras se refleja también en la concesión de premios. Entre 1984 y 2009, el Premio Nacional a la Mejor Traducción fue otorgado a 27 hombres y solo a 4 mujeres, y el Premio Nacional a la Obra de un Traductor se entregó a 17 hombres y a 4 mujeres (Fernández 2011). Este desbalance en los premios refuerza una vez más la idea de que, aunque las mujeres son numéricamente superiores en el campo de la traducción, su reconocimiento sigue siendo escaso, especialmente en géneros y lenguas de mayor prestigio, como la poesía y las lenguas clásicas.

Finalmente, se debe tener en cuenta que la traducción es una profesión desprestigiada y, en general, mal remunerada. Esto lleva a muchas traductoras a optar por encargos de géneros más comerciales o lenguas centrales, que garantizan un ingreso más seguro, pero no un reconocimiento (Fernández, 2011). Por el contrario, los varones, que tienden a combinar la traducción con otras profesiones mejor remuneradas, pueden permitirse aceptar proyectos de lenguas periféricas o de mayor prestigio, lo que les otorga un reconocimiento más amplio. Este comportamiento refleja, como señala De Jong (1999), una diferencia en la percepción de la profesión: mientas que las mujeres tienden a implicarse más en la traducción como fin en sí mismo, los hombres la ven con un medio para alcanzar mayor reconocimiento.

En conclusión, queda demostrado que la feminización de la traducción en España no ha conllevado un aumento proporcional en la visibilidad y reconocimiento de las traductoras, pese a su mayoría dentro del gremio. A pesar de su creciente presencia, especialmente en la traducción literaria, las mujeres siguen siendo menos valoradas que sus colegas varones, debido a factores como la segregación en los géneros literarios más prestigiosos y la perpetuación de la invisibilidad en el sector editorial. Solo mediante un esfuerzo conjunto de las traductoras por una revalorización de su trabajo y mejoras en sus condiciones laborales, se podrá avanzar hacia un panorama en el que su visibilidad y reconocimiento sean finalmente equiparables al de sus compañeros hombres.

La menor visibilidad de las traductoras se refleja también en la concesión de premios. Entre 1984 y 2009, el Premio Nacional a la Mejor Traducción fue otorgado a 27 hombres y solo a 4 mujeres, y el Premio Nacional a la Obra de un Traductor se entregó a 17 hombres y a 4 mujeres (Fernández 2011). Este desbalance en los premios refuerza una vez más la idea de que, aunque las mujeres son numéricamente superiores en el campo de la traducción, su reconocimiento sigue siendo escaso, especialmente en géneros y lenguas de mayor prestigio, como la poesía y las lenguas clásicas.

Finalmente, se debe tener en cuenta que la traducción es una profesión desprestigiada y, en general, mal remunerada. Esto lleva a muchas traductoras a optar por encargos de géneros más comerciales o lenguas centrales, que garantizan un ingreso más seguro, pero no un reconocimiento (Fernández, 2011). Por el contrario, los varones, que tienden a combinar la traducción con otras profesiones mejor remuneradas, pueden permitirse aceptar proyectos de lenguas periféricas o de mayor prestigio, lo que les otorga un reconocimiento más amplio. Este comportamiento refleja, como señala De Jong (1999), una diferencia en la percepción de la profesión: mientas que las mujeres tienden a implicarse más en la traducción como fin en sí mismo, los hombres la ven con un medio para alcanzar mayor reconocimiento.

En conclusión, queda demostrado que la feminización de la traducción en España no ha conllevado un aumento proporcional en la visibilidad y reconocimiento de las traductoras, pese a su mayoría dentro del gremio. A pesar de su creciente presencia, especialmente en la traducción literaria, las mujeres siguen siendo menos valoradas que sus colegas varones, debido a factores como la segregación en los géneros literarios más prestigiosos y la perpetuación de la invisibilidad en el sector editorial. Solo mediante un esfuerzo conjunto de las traductoras por una revalorización de su trabajo y mejoras en sus condiciones laborales, se podrá avanzar hacia un panorama en el que su visibilidad y reconocimiento sean finalmente equiparables al de sus compañeros hombres.

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