Con motivo del trigésimo aniversario de los cursos de formación de profesores de español de International House, se publica La formación del profesorado de español. Innovación y reto como una obra polifónica que invita a sus lectores –docentes– a conocer las más notables transformaciones que están teniendo lugar en la enseñanza-aprendizaje del español y a descubrir, a través de la experiencia de los autores, nuevas herramientas y estrategias para perfeccionar su actuación en el aula.
El tono festivo caracteriza la sección preliminar de la obra, donde se reconoce la importante labor ejercida por International House en la formación de los docentes de español. Así, Ernesto Martín Peris, Jonathan Dykes y Francisco Herrera quedan a cargo, respectivamente, del «Prólogo», la «Introducción» y la «Nota del editor», que sirven de preámbulo a los trece capítulos que conforman el grueso de la obra. Con una disposición simétrica, los dos primeros capítulos, «De la provisión de servicios a la creación de experiencias» y «Educar a aprender», junto con los dos últimos, «El papel de la tecnología en el aula» de Herrera y «Explorando la dimensión afectiva de la enseñanza de ELE» de Arnold, abren y cierran el volumen con cuatro artículos de corte más teórico. Así quedan enmarcados los nueve capítulos restantes que, por el contrario, presentan un enfoque práctico, en tanto que sus correspondientes autores –reconocidos y experimentados lingüistas– ofrecen materiales, estrategias y consejos a sus lectores especializados en la enseñanza de español como lengua extranjera (ELE).
La brevedad, así como el estilo claro y cercano al lector son una constante en todo el volumen. Asimismo, a pesar de la polifonía autorial de la obra, los capítulos presentan una destacable homogeneidad temática y teórica, en tanto que, inscrito en el enfoque comunicativo del posmétodo, cada autor aborda en su breve artículo un aspecto fundamental de la labor docente que, lejos de contradecir, complementa lo expuesto en el resto. Dicha homogeneidad caracteriza también la estructura interna de los capítulos, presentando todos ellos una sucinta bibliografía final.
Por cuestiones de espacio, se reseña tan solo una selección de los capítulos que conforman la presente obra, sin desmerecer el interés que todos ellos tienen para el conjunto.
En el capítulo 1 Fernando Trujillo propone una renovación de la metodología de enseñanza de idiomas como respuesta a la creación de «plataformas de aprendizaje personalizado» (p. 22) que pretenden suplantar el papel de los docentes. Así, en el segundo apartado el autor reivindica la importancia de convertir el aprendizaje en una experiencia memorable, aportando interesantes propuestas, como la necesidad de un cambio en la evaluación del aprendiente, la incorporación del enfoque por tareas y la gamificación de la enseñanza. A modo de conclusión, Trujillo anuncia su propuesta como una «pedagogía orgánica» (p. 27) que integre la tecnología como herramienta, pero ponga el foco en lo humano.
Con respecto al capítulo 2, Encina Alonso aborda la transformación de los papeles del docente y el discente en el proceso de enseñanza-aprendizaje. En el primer apartado la autora contextualiza dicha transformación con un breve recorrido histórico. Asimismo, tras reconocer el consecuente protagonismo que cobra el aprendizaje como un proceso complejo en la enseñanza de segundas lenguas, Alonso destina los siguientes apartados a profundizar en dicha complejidad desde una perspectiva constructivista. Sin embargo, en los apartados 5 y 6 la autora pone el foco en el docente, reconociendo su papel como facilitador del aprendizaje del alumno y como responsable de reforzar sus habilidades afectivas. Asimismo, Encina Alonso sintetiza en las «Conclusiones» las nuevas responsabilidades que asume el docente.
Por su parte, en el capítulo 3, «Las competencias del aprendiente y el profesor», Susana Ortiz y Geni Alonso se interrogan, a lo largo de los dos primeros apartados, sobre las capacidades que el aprendiente debe desarrollar para ser competente en la lengua. Con ello, las autoras reconocen que es en las competencias generales, y no tan solo en las comunicativas, en las que el docente debe incidir porque con frecuencia interfieren en el proceso de aprendizaje. De este modo, con un enfoque experimental y práctico, las autoras ofrecen dos casos muy ilustrativos de interferencia para cada una de las competencias generales, aportando soluciones de gran utilidad para el lector. Como novedad a lo que plantea el Marco común europeo de referencia para las lenguas (MCER), Ortiz y Alonso aplican también al docente estas competencias. Así, en la conclusión, además de ofrecer consejos sobre cómo adelantarse a posibles situaciones similares, las autoras destacan que el docente debe conocer sus propias competencias y limitaciones.
En el capítulo 4 («¡No gramatices! Por qué hay que enseñar la lengua en el aula de español»), Marta González y María Cabot prueban, a partir de su propia experiencia, que para muchos aprendientes y profesores la gramática sigue estando sustentada en ciertas creencias de corte estructuralista. De este modo, con el objetivo de renovar estas concepciones, ellas proponen enseñar la gramática con una metodología comunicativa que permita la reflexión activa del aprendiente. Para llevar a la práctica esta propuesta, González y Cabot ofrecen, a modo de conclusión, una serie de ideas que el docente puede aplicar en sus clases y que recogen, entre otras cuestiones, la contextualización del fenómeno gramatical y la implicación del discente.
Respecto al capítulo 5 («De la actividad a la tarea y de la tarea al aprendizaje»), Berta Sarralde nos ofrece una interesante selección de tres actividades con las que ilustra a la perfección la evolución desde los ejercicios repetitivos de corte estructuralista hasta las actividades basadas en tareas del enfoque orientado a la acción del MCER. En esta línea, la autora destaca en el segundo apartado los beneficios que aportan las tareas para el aprendizaje. Tras esta introducción teórica, Serralde ofrece en los dos apartados siguientes materiales de gran utilidad para el docente: diferentes formatos de tareas y un decálogo muy completo con las características de una buena tarea para que el docente pueda evaluar sus propias actividades.
Por otro lado, en el capítulo 7 («El arte de planificar y planificar con arte»), Antonio Orta reconoce que en la planificación es tan importante el proceso previo a la clase como la capacidad del docente para aprovechar «todas las oportunidades de aprendizaje que se le presenten en el aula» (p. 84). A partir de su propia experiencia, el autor ofrece siete consejos de gran utilidad para que los docentes puedan enriquecer la planificación de sus clases, contemplando al alumno como el punto central en todos ellos.
En el capítulo 8, «Diseño de materiales para la enseñanza y el aprendizaje de ELE», Agustín Garmendia y Neus Sans reconocen que los docentes, al igual que los creadores especialistas, se enfrentan constantemente al diseño de actividades complementarias. Por ello, de forma muy dinámica y siguiendo el proceso de creación, los autores plantean a través de diez preguntas los requisitos que deben cumplir estas actividades, ofreciendo al docente una guía de autoevaluación muy útil. A través de estos interrogantes, se introducen interesantes ideas, como la necesaria novedad de la propuesta, la orientación de la actividad a unos objetivos concretos, el equilibrio entre la rentabilidad económica y de aprendizaje o la disposición del creador para pilotar su actividad y hacer las oportunas modificaciones.
Finalmente, en el capítulo 11 («Instrucciones para ELE»), Daniel Cassany plantea que el profesor debe restringir su tiempo de habla, y reconoce la importancia de orientar al docente para que su discurso instructivo sea lo más efectivo posible. Con este propósito, Cassany ofrece al lector el capítulo más práctico del volumen. En los primeros apartados, el autor propone la introducción de metainstrucciones para regular el inicio y el final de una tarea, y determina las pautas que debe cumplir el discurso instructivo. No olvida tampoco la puesta en escena y ofrece multitud de claves en las que contempla no solo el momento de la enunciación, sino también la preparación previa y la posterior comprobación de que las instrucciones se han comprendido. En los apartados finales, el lingüista propone y ejemplifica atractivas alternativas para convertir las instrucciones en una actividad comunicativa, y contempla posibles condicionantes del proceso instructivo.
La riqueza de la obra reside en su capacidad para explorar, en apenas doscientas páginas, un amplio abanico de temas que no solo resultan de interés por su relevancia para la labor docente, sino que, aún hoy, casi una década después de su publicación, siguen siendo de actualidad en los debates e investigaciones en ELE. Asimismo, el estilo sencillo y cercano al lector hace que la lectura sea dinámica y que el receptor pueda interactuar con el contenido. No obstante, lo que convierte este volumen en una obra verdaderamente significativa para los docentes es la rica compilación de experiencias, consejos, materiales y herramientas que se ofrece a lo largo de sus capítulos, rehuyendo el enfoque teórico de las obras más tradicionales. Así, La formación del profesorado de español. Innovación y reto se presenta como un manual imprescindible al que el docente siempre podrá recurrir para enriquecer su actuación en el aula.
Asignatura: Español como Lengua Extranjera: Metodología

