Según la sociedad actual, tener un futuro exitoso se relaciona casi directamente con cursar una carrera de ciencias experimentales. Esto está generando el encasillamiento de las carreras de ciencias humanísticas en un cuadro al margen de la sociedad, como algo innecesario. Toda carrera universitaria tiene algo característico, pero no hemos de calificar la utilidad de unos estudios por la rama a la que pertenecen y, aún menos, por su probabilidad de empleo.
Para comenzar, Europa se ha visto involucrada en alguna que otra crisis en relación con las carreras «de letras». En mayo de 2005, el Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) en un intento de equiparación de grados universitarios, estuvo muy cerca de reducir el número de títulos relacionados con la rama de humanidades de 26 a 10. Figuraban entre ellos Historia del Arte o Filología Inglesa (García, 2005). El Ministerio de Educación paralizó esta reducción meses más tarde asegurando que se iban a mantener los grados necesarios (Morán Breña, 2005). Acabó en un pequeño susto que dio mucho que pensar, pues el resto de las ramas iba a sufrir una reducción de entre uno y seis títulos frente a los dieciséis que se arriesgaba a perder la rama de humanidades. Esto nos muestra, por tanto, que el concepto «prescindible» lleva ligado a ella mucho más tiempo del que podíamos pensar.
A día de ho,y sigue siendo un gran debate su utilidad. En informes de distintos años de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas, se ha llegado a proponer la eliminación de carreras de ciencias humanísticas como solución al desempleo y paro de los ciudadanos españoles. Inciden en que, si bien es cierto que los estudios universitarios han reducido ya de por sí el número de parados, esto no implica que no se requiera un reajuste de carreras –como las de humanidades– cuyos datos de inserción no son los deseables (García Barnés, 2020).
En el mismo artículo de El Confidencial que saca a la luz estas declaraciones, Jesús Zamora Bonilla –decano de la Facultad de Filosofía en la UNED– se refiere a la empleabilidad explicando que «hace caer sobre las universidades y los estudiantes la responsabilidad de “ajustarse al mercado de trabajo”, en vez de exigir que el sistema productivo y la Administración creen abundantes puestos de trabajo en actividades intelectualmente interesantes». Es decir, que el principal problema no es la tasa de empleo que ofrezca una carrera una vez finalizada, sino la incapacidad de los órganos administradores para crear más puestos.
También es bastante común la concepción de que, en un mundo en el que la evolución se ve marcada por los avances tecnológicos, las carreras de humanidades no tienen un lugar. Se trata de un mundo en el que tienen mayor importancia las ciencias experimentales. Sin embargo, olvidamos que la base de esta tecnologización también la construyen los grados de ciencias humanísticas.
No es una relación en la que sea lo digital lo que ayuda a las humanidades o viceversa, sino una relación de dependencia. Por una parte, está la ventaja que ha supuesto la tecnología para permitir el acceso de mucha gente a la cultura, a la historia, al conocimiento del mundo que les rodea y su progreso; y, por otra, está la construcción de toda la inteligencia artificial (IA), que no podría haberse dado si no fuese por cada uno de los títulos que conforman el área de las letras.
Y es que el desarrollo tecnológico no puede existir sin el trabajo de humanistas que otorguen el don de la eticidad a la maquinaria; sin conceder nuestra forma de comunicación, que produce las respuestas automáticas en muchos sistemas de IA, no se podrían analizar textos o realizar investigaciones de autoría. No existiría tampoco la capacidad de estas herramientas para proporcionar distintas perspectivas si no se les concediese la creatividad humana, o el estudio de patrones musicales para que, después, se puedan crear nuevas piezas a partir de unas simples indicaciones (Fernández Pérez, 2021). Ningún dato que nos pueda dar una herramienta digital está aislado de lo que nos hace humanos: las humanidades.
Es cierto que, a pesar de que cursar un grado de ciencias humanísticas pueda proporcionar muchas salidas, se tiende a pensar que la docencia es la única que considera la mayoría. Más allá de su tradicional asociación con la docencia, estos grados son fundamentales en otros ámbitos profesionales.
Principalmente, ayudan al desarrollo de las llamadas soft skills. La creatividad, la innovación o la comunicación son algunas de ellas. En un mundo laboral que cada vez es más dinámico, estas son habilidades que se valoran mucho ya que son fundamentales para el éxito de diferentes empresas, en las que la versatilidad es algo básico (Muñiz, 2021). Los graduados en carreras de humanidades son capaces de abordar distintos problemas, de analizar el mundo que les rodea y evaluar perspectivas diferentes («El equivocado desprecio por las humanidades», 2019)
Asimismo, cada vez son más las compañías que buscan gente con un perfil humanista para unirse al fenómeno de la «globalización» y conseguir una expansión internacional de sus productos. Especialmente en el área del marketing, se busca a gente que sea capaz no solo de plantear ideas, sino también de poder llevarlas a cabo. Se busca a gente innovadora y creativa que aporte algo nuevo que llame la atención: estos rasgos los presentan los estudiantes «de letras», características que son básicas en su formación (Muñiz, 2021).
Son muchas las habilidades que desarrollan los individuos, y cada vez es mayor su demanda en diversos sectores del mercado laboral. Aplicar los conocimientos que tiene uno implica mucho más que hacerlo de forma teórica, implica poder adaptarse a diferentes situaciones y eso es algo que los estudiantes de títulos humanísticos pueden hacer fácilmente.
Podemos concluir, por tanto, que las carreras humanísticas son importantes en la sociedad actual, así como en el desarrollo de cada uno de los individuos que la conforman. Al margen de la presión social que conlleva su estudio y su evasión, permiten desarrollar capacidades que resultan vitales para el mundo contemporáneo en el que vivimos. En un mundo hiperdigitalizado como lo es este, estas disciplinas son necesarias para poder progresar y entender la tecnología.
Es esencial poder reconocer el papel que las humanidades tienen en el siglo XXI, ver que son necesarias para el avance social y, que, contrario a la creencia popular, sí que tienen un lugar entre nosotros, y mucho mayor del que imaginamos.
Asignatura: Lengua Española: Expresión Oral y Escrita

