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La soledad y la individualización capitalista: causas y efectos

por | Jul 7, 2025 | Sociología

CÓMO CITAR ESTE ARTÍCULO

Erro Saralegui, Ilia (2025, 7 de julio). La soledad y la individualización capitalista: causas y efectos. VIRTUAM. https://virtuam.net/2025/07/07/la-soledad-y-la-individualizacion-capitalista-causas-y-efectos/

El 14 de abril de 2024 El País publicó un artículo, firmado por Eleonora Giovio, titulado ‘La soledad no deseada que azota a los jóvenes: “Te sientes invisible”’. En él se expone el creciente problema de soledad no deseada entre la juventud española. A través de testimonios, el artículo evidencia sentimientos de invisibilidad, ansiedad y baja autoestima agravados por situaciones de bullying, presión social y falta de habilidades emocionales.

Este artículo pone de manifiesto un fenómeno que afecta de manera silenciosa a una buena parte de la juventud española. La tendencia a esta sensación de aislamiento, pero igualmente la incapacidad de tratarla, son problemas enraizados en nuestra sociedad, pero que no están siendo tratados correctamente. Este sentimiento juvenil parece contradictorio con la actual interconexión global mediante redes económicas y sociales. Justamente, este problema puede estar directamente relacionado con una mercantilización del individuo que ha llevado a una individualización extrema (Giovio, 2024).

Diferentes autores han tratado la transformación que ha sufrido la persona en occidente debido al capitalismo imperante que determina nuestras relaciones, nuestra autopercepción, nuestros deseos y nuestros intereses. Para analizar esta compleja problemática, me voy a centrar en los estudios de Ulrich y Elisabeth Beck sobre la individualización, la teoría de la racionalidad neoliberal de Wendy Brown y el análisis de Laval y Dardot sobre la fábrica del sujeto neoliberal.

Según los Beck, la individualización se entiende como una forma de desintegración de las formas sociales existentes previamente (familia, género, clase…) e igualmente la desintegración de los modelos de vida y los marcos de comprensión tradicionales (Beck, 2001). Para Brown, el origen de esta individualización está en le redefinición neoliberal del individuo como “capital humano”.  Este debe autogestionarse, invertir en sí mismo y maximizar su valor en un mercado competitivo (Brown, 2015). Se pretende que los espacios de socialización y disfrute no mercantilizados dejen de tener relevancia en la ciudadanía. La capitalización de la vida y de la política ha creado nuevas demandas a las que el individuo debe hacer frente, pero igualmente, este nuevo sistema da más libertad a la hora de formar la personalidad y la propia vida, pero ¿es esto una ventaja?

Esta “individualidad forzada” es un problema que con el nuevo modelo deja de abordarse de manera común por la destrucción de las formas sociales y los modelos de vida llegados a través de la endoculturación. La vida pasa a estar llena de riesgos que se deben enfrentar de manera individual y el fracaso se acaba convirtiendo en algo personal, dejando de ser un “golpe de destino”. Esta libertad pone toda nuestra vida en nuestras manos y las condiciones en las que nacemos dejan de ser una justificación a lo que nos ocurre, poniendo un gran peso sobre nuestros hombros y alejándonos de esas redes grupales y comunitarias que explicaban nuestra realidad previamente (Beck, 2001).

Esto está directamente relacionado con la soledad de la que habla Eleanora Giovio. La separación de los y las individuos de sus comunidades y del sentimiento de pertenencia a grupos sociales que creaban comunidad está llevando inevitablemente a un mayor aislamiento individual. Además, más allá de este sentimiento hay una sensación de no tener a quien acudir, de que eres la única persona que se siente así y que nadie te puede comprender (Giovio, 2024). El capitalismo ha tenido como consecuencia la asunción de los problemas como propios, dejando de considerarlos como parte de la condición social (Beck, 2001).

Esto no se ciñe únicamente a una sensación de fracaso personal, sino que va más allá. Hay una necesidad continua de “productividad”. Se pretende convertir a las personas en empresas permanentes donde todos los aspectos se economizan y se analizan en términos de rentabilidad, (Brown, 2015) afectando no solo al trabajo y las actividades económicas sino también a los hobbies, las relaciones interpersonales, los vínculos sociales… Éstas, desde el modelo económico imperante, deben también tener resultados productivos en nuestra vida. Las personas deben producir no solo riqueza, sino bienestar, placer y felicidad, se aplica a la felicidad la ley de la eficacia (Laval y Dardot, 2010).

Esta necesidad de mejorar por ti mismo, de una manera individualizada, está tan enraizada en los valores neoliberales que se asume como un deseo propio. La autopercepción y las dinámicas diarias son fruto de la productividad de mercado llevada a nuestra intimidad, somos empresas de nosotras mismas, y en competencia con las demás. Como consecuencia, cualquier fallo se atribuye a nuestra única responsabilidad y todas las oportunidades deben ser aprovechadas para poder llegar a esta felicidad. Esto se ve hoy en día en los discursos sobre self-help y autoestima que venden una necesidad de estar siempre bien, de trasladar una imagen de permanente felicidad, destacando el tópico de “ser la mejor versión de ti mismo” (Laval y Dardot, 2010).

Esta situación igualmente conlleva una competitividad sin precedentes. Esa necesidad de ser constantemente mejores te recuerda que siempre habrá alguien por encima tuya. La comparación continua, cuya mayor prueba es la sobreexposición permanente a través de las redes sociales, lleva a una falta de profundización en las relaciones sociales que tanta despersonalización está generando. El problema no es solo la falta de amistades, sino que muchas veces, a pesar de tenerlas, no puedes actuar naturalmente con ellas debido a esta necesidad de aprovechar el tiempo al máximo y sacar una “ganancia” de todas las interacciones. La desaparición de un horizonte colectivo, sustituido por rankings genera una ansiedad constante de no estar a la altura (Bauman, 2001).

Se dificultan las relaciones interpersonales, se hacen cada vez más superficiales y no se ve al otro como un igual a quien acudir, sino como una amenaza a quien superar. Esto tiene como consecuencia la ya mencionada soledad extrema derivada de la dificultad de construir lazos significativos y duraderos. Así, la soledad se convierte en un fenómeno estructural intensificado por una subjetividad neoliberal que privilegia el rendimiento sobre el cuidado a una misma y a los demás (Laval y Dardot, 2010).

Todo esto ha conllevado un incremento en los casos de depresión hoy en día, afectando especialmente a la juventud quienes no solo tienen esta concepción del ser humano, sino que además se han visto afectadas por la continua competitividad insertada en la sociedad, especialmente en el ámbito educativo y laboral. Desde la ESO el aprendizaje se basa en notas creando una dinámica de enfrentamiento que se exacerba con las medias para el acceso al ámbito universitario. Esto continúa durante toda la vida con intercambios, másteres y finalmente el ámbito laboral y la emancipación juvenil. Todo lo que rodea a la juventud actualmente se vive como una competición y se asume como natural un proceso de distinción productivista. La depresión es la contraparte de la productividad, la presión constante lleva a cansancio mental y a una sensación de desesperación.

Laval y Dardot escriben “se obliga a cada cual a que construya por su cuenta su propia “jaula de hierro individual” haciendo referencia a la metáfora del capitalismo de Weber sobre el control que tiene la economía en nuestras vidas. En este caso representan como la actualidad ha conllevado a que esa presión y esa mentalidad ya no venga del sistema, sino de dentro de cada uno de nosotros (Laval y Dardot, 2010). Esta sensación de encerramiento se asemeja mucho a lo explicado por Gabriela Delgado en el artículo: “es como estar en una caja de cristal […] nadie puede llegar a ti” (Giovio, 2024).

Esta pandemia de soledad es resultado de un contexto en el que las personas jóvenes están bajo una presión constante en un mundo que están empezando a conocer. La libertad prometida se ha convertido en una carga. Las personas jóvenes no solo deben construir una trayectoria vital, sino también lidiar solas con las consecuencias del fracaso pues los recursos comunitarios previamente existentes se han debilitado enormemente. La patologización de la soledad, tratada como un problema médico, invisibiliza sus causas estructurales y no se puede entender sin ver en él un problema generacional. Estamos frente a una época de globalización y de canales de comunicación rodeada de una profunda desconexión emocional.

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