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La memoria colonial en las colecciones Thyssen-Bornemisza

por | Mar 4, 2025 | Historia colonial

CÓMO CITAR ESTE ARTÍCULO

Ocampo Romani, Marta (2025, 4 de marzo). La memoria colonial en las colecciones Thyssen-Bornemisza. VIRTUAM. https://virtuam.net/2025/03/04/la-memoria-colonial-en-las-colecciones-thyssen-bornemisza/

Los museos han pasado de ser templos “incuestionables” de la historia a espacios de debate y crítica sobre lo que nos contamos a nosotros mismos como sociedad. La exposición La memoria colonial, que tuvo lugar en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza de Madrid desde el 25 de junio al 20 de octubre de 2024, ha buscado precisamente hacernos reflexionar sobre nuestra herencia colonial y sobre cómo entendemos y representamos un pasado que aún se muestra en las estructuras sociales y culturales de la actualidad.

La exposición plantea una reflexión sobre el colonialismo y la función que han tenido las instituciones en la preservación de ciertas narrativas históricas, planteando interrogantes sobre cómo se han transmitido y representado las historias coloniales en el arte y cuál es el papel de los museos frente a estas perspectivas. Para quienes no pudieron visitarla en persona, La memoria colonial sigue estando disponible de manera virtual a través de la página web del museo, donde se puede acceder a un recorrido interactivo y a materiales complementarios que profundizan en los temas abordados en la exposición.

El principal objetivo de la exposición es cuestionar las narrativas tradicionales que han perpetuado durante siglos los relatos de superioridad y eurocentrismo en la historia y el arte. La exposición nace en un contexto de una museología decolonial que trata de redefinir los principios de los museos mediante una crítica de las bases eurocéntricas, que tiene como primer objetivo desmantelar la idea de la “neutralidad museística” (Brulon Soares, 2021). Lejos de ser neutrales, los museos han sido constructores de valores específicos que refuerzan desigualdades raciales, culturales y económicas.

Como respuesta a esta realidad, una museología inclusiva debe promover narrativas históricas que incorporen una mayor diversidad de perspectivas. Para ello, es fundamental que las comunidades colonizadas —tanto en el pasado como en la actualidad— participen en la creación de exposiciones, tratando de evitar una representación estática y formando un espacio donde las narrativas coloniales sean cuestionadas y confrontadas en lugar de ser únicamente exhibidas (González de Oleaga, 2024). En conjunto se busca un mismo objetivo: reinventar los museos como lugares de crítica y cambio social, dejando atrás la neutralidad histórica y comprometiéndose a una revisión activa de las narrativas anteriores.

La creciente crítica hacia los museos y sus narrativas, y el aumento de las reivindicaciones de los movimientos decoloniales, responde a la necesidad de cuestionar de forma crítica cómo los museos han representado, y en muchos casos distorsionado, la realidad de las culturas no occidentales a través de una visión colonialista. Como mencionan Márcia Bertotto y Vera Rangel (Brulon Soares, 2021 pp. 49-50), en ciertos países europeos como Francia y el Reino Unido algunos museos han abordado esta reflexión desde hace más tiempo, mientras que en España se han mantenido al margen del cuestionamiento sobre la “neutralidad” de sus colecciones y el poder simbólico que ejercen sus narrativas. En esta misma línea, Sánchez Román (Sánchez Román, 2024) subraya que las instituciones museísticas españolas han tenido una participación relativamente tardía en este debate en comparación con otros países europeos y destacan cómo el “Museo de América” y otros museos aún presentan interpretaciones alineadas con un enfoque colonialista.

Las presiones de movimientos sociales y académicos han hecho que surjan exposiciones que buscan una museología inclusiva y participativa, donde las comunidades originarias y afectadas por la historia colonial puedan tener voz en la representación de su patrimonio. Márcia Bertotto y Vera Rangel (Brulon Soares, 2021 p. 48) mencionan junto a Simbarashe Shadreck (Brulon Soares, 2021 pp. 67-70) que hay algunos países como Brasil y Zimbabwe que tratan de optar por políticas museológicas que aboguen por la restitución de objetos y la devolución de las narrativas históricas a las comunidades afectadas.

Mary Beard menciona que la historia “nos pertenece” (Sánchez Román, 2024) refiriéndose a que la historia y sus interpretaciones no deben ser estáticas ni de narrativa única. La historia no puede alterarse en los hechos, pero las narrativas con las que la interpretamos sí pueden ser revisadas. De la misma forma, Leon Perelson (Brulon Soares, 2021 pp.180-183) señala que los museos han servido históricamente como espacios que consolidan las narrativas eurocéntricas y nacionalistas, especialmente en los contextos de los antiguos imperios coloniales que tratan de legitimar visiones jerárquicas y que muchas veces distorsionan o silencian las voces de las culturas colonizadas. La memoria colonial surge entonces como un esfuerzo por abordar este desequilibrio, ofreciendo al público una oportunidad para cuestionar las representaciones tradicionales y comprender mejor los efectos del colonialismo en el arte y la cultura.

El debate sobre la autenticidad y la propiedad cultural también está presente en la exposición de La memoria colonial. Como indica Márcia Chuva (González de Oleaga, 2024 pp.134-135) el tema de la restitución de objetos a sus comunidades de origen es esencial para los museos de Occidente, especialmente para aquellos cuyas colecciones fueron adquiridas en el periodo colonial. Esto es relevante no solo por las implicaciones éticas y legales que conlleva, sino porque de esta forma se permite a los museos replantear sus narrativas, promover una representación más equitativa de las culturas no occidentales y responder a las demandas sociales de reparación histórica.

La exposición del Thyssen abre la puerta a este debate al presentar obras que proceden de contextos de dominación acompañadas con textos explicativos, tratando de exhibir no solo estos estos objetos, sino que también trata de incentivar una reflexión crítica sobre el papel de los museos en la construcción de narrativas históricas y la necesidad de revisar el origen y significado de estas colecciones. De la misma forma, esto también plantea la posibilidad de reconocer el derecho de las comunidades a contar sus propias historias y a definir su propia memoria y patrimonio cultural en lugar de ser representadas desde una visión colonialista que las presenta como “el otro”.

Abad García (Abad García, 2023 p.134) menciona que los museos son “máquinas contadoras de historias” que refuerzan identidades y valores que priorizan la visión del colonizador, distorsionando las voces y perspectivas de los pueblos colonizados. Además, estos tienden a invisibilizar las contribuciones artísticas y culturales de las sociedades colonizadas, lo que refuerza la idea de que la historia y el arte son esencialmente de Occidente. De la misma forma, Bárbara Molina (Brulon Soares, 2021 p.172) señala que los museos han favorecido tradicionalmente una narrativa eurocéntrica que presenta a las culturas colonizadas de forma estereotipada o exotizada, mostrándolas como algo ajeno y extraño. Esta exotización simplifica y reduce la complejidad de estas sociedades, haciéndolas ver “diferentes” y en muchos casos, subordinadas a la visión occidental.

El debate sobre el nacionalismo y el excepcionalismo también se trata en esta exposición. En España, como comenté anteriormente, se observa una resistencia particular en aceptar que su imperio fue colonial, como se argumenta en el texto de Sánchez Román (Sánchez Román, 2024), lo que responde a una forma de “excepcionalismo español” que diferencia al imperio español del británico o francés. Sin embargo, este fenómeno no es solo español, sino que forma parte de una narrativa de poder que busca preservar un relato de superioridad cultural y moral. Esto cuestiona la idea sobre cómo los objetos y obras de arte son testigos de las formas de opresión y explotación, y sugiriendo que es posible ofrecer una historia menos nacionalista y más democrática.

La memoria colonial participa, en suma, al debate sobre el papel de los museos en la sociedad actual, proponiendo que estos deben evolucionar junto con los valores y la comprensión social sobre el pasado colonial y sus consecuencias en el presente. Además, abre un espacio de autocrítica y de reflexión colectiva sobre cómo la historia colonial sigue afectando a las estructuras sociales y culturales de la actualidad, y a la forma en que se perciben y se interpretan las culturas no occidentales. La exposición dialoga así con la historiografía que en las últimas décadas ha revisado los relatos nacionalistas buscando interpretaciones más inclusivas y plurales sobre el pasado.

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