La musicología ha sido, durante mucho tiempo, un campo dominado por enfoques academicistas que han priorizado el análisis técnico y formal de las obras musicales. Sin embargo, desde la segunda mitad del siglo XX, la disciplina ha comenzado a expandirse, integrando aportaciones de los estudios culturales, de género y de la teoría queer. Este giro ha situado en el centro del debate académico cuestiones como la identidad, las relaciones de poder y el papel del cuerpo en la creación musical. El presente artículo, basado en los resultados de mi Trabajo Fin de Máster, busca destacar la importancia de trazar una genealogía crítica del rol de las mujeres y las disidencias sexogenéricas en la música experimental en España, analizando cómo han desafiado y reconfigurado las prácticas y los discursos hegemónicos.
La invisibilidad histórica del cuerpo y la musicología feminista
Hasta bien entrado el siglo XX, la musicología académica ignoraba la importancia del cuerpo en la práctica musical. Las mujeres y disidencias sexogenéricas no sólo estaban ausentes en los repertorios históricos, sino que sus aportaciones eran activamente silenciadas. En España, esto fue particularmente evidente durante la dictadura franquista, un régimen que consolidó aún más las estructuras patriarcales que ya dominaban en la música y las artes. Sin embargo, a partir de la década de los 80, coincidiendo con la transición política hacia la democracia, las primeras investigaciones feministas y queer comenzaron a abrirse camino, denunciando la exclusión sistemática de las mujeres y cuerpos disidentes en la historiografía musical.
Las obras pioneras de investigadoras como Susan McClary o Judith Butler influyeron directamente en el desarrollo de la musicología feminista en el Estado español. McClary, en su libro Feminine Endings: Music, Gender and Sexuality (1991), fue una de las primeras en subrayar la necesidad de revisar críticamente los discursos musicológicos desde una perspectiva de género. Este enfoque permitió evidenciar cómo las estructuras musicales tradicionales replicaban formas de opresión y exclusión hacia las mujeres. A su vez, la teoría queer, que comenzó a ganar visibilidad en España a principios de los años 2000, ofreció una herramienta clave para analizar las contribuciones artísticas de las disidencias sexogenéricas y comenzó a revelar nuevas formas de resistencia y creatividad frente a los discursos hegemónicos.
La música experimental como espacio de resistencia
La música experimental, un campo híbrido que incluye la electrónica, el ruido y otras formas no convencionales de creación sonora, se ha convertido en un espacio de resistencia y exploración identitaria para mujeres y disidencias. A diferencia de los géneros musicales tradicionales, que imponen estructuras jerárquicas y normativas, la música experimental ofrece un terreno más fértil para la experimentación y la subversión de los discursos hegemónicos. Esto se debe, en gran medida, a su enfoque disruptivo hacia el sonido y la creación musical, que desafía las normas establecidas y abre espacio para nuevas formas de expresión.
En la España de los años 80, la escena underground, especialmente la llamada Contra-Ola, fue un catalizador para que mujeres y disidencias encontraran un espacio de expresión libre. Colectivos como Espacio P o el Grupo Corps se convirtieron en centros de experimentación crítica, donde la horizontalidad y la politización de los discursos artísticos permitieron la emergencia de nuevas prácticas sonoras. Esther Ferrer y Ani Zinc, pioneras en la escena experimental ibérica, ofrecieron propuestas artísticas performativas que confrontaban no solo el conservadurismo musical, sino también la dominación masculina que caracterizaba el mundo del arte. En este sentido la performance se convirtió también en una manera de apropiarse del espacio público, constituyéndose en un acto de resistencia en sí mismo.
El cuerpo disidente y la resignificación del sonido
El análisis del cuerpo en la música experimental ha sido un eje central en la musicología queer, que lo concibe como un medio tanto performativo como político. En este contexto, las identidades no normativas han encontrado un espacio para resignificar el sonido, desafiando las construcciones binarias y heteronormativas. El ruidismo performativo, una de las formas más radicales de experimentación sonora, ha jugado un papel crucial en la creación de nuevos discursos, ofreciendo una vía de resistencia y transformación creativa. Artistas como Susana López, en su trabajo Políticas del ruido (2020), han señalado cómo el ruido se ha utilizado como una herramienta política para desafiar las estructuras de poder que gobiernan las prácticas artísticas y musicales. La experimentación sonora, en este sentido, no solo es un ejercicio estético, sino también un acto de resistencia contra las normas opresivas que limitan las formas de expresión musical. Algunas teóricas, como la costarricense Susan Campos Fonseca, musicóloga y a la vez compositora, sostienen también la gran importancia que reside en el potencial político que se formula en la vinculación entre cuerpos disidentes, tecnologías y máquinas sonoras, lo que configura una relación biopolítica entre la artista que ejecuta y el instrumento o la máquina utilizada (Campos Fonseca, 2016). Este hecho allana todo un estado de resignificación de los prejuicios sociales depositados en la mirada sobre un cuerpo no-normativo, así como en la escucha de sonoridades no hegemónicas ni estandarizadas por un sistema estructural y occidental.
La urgencia de nuevos relatos en la historiografía musical
A pesar de los avances que la musicología feminista y queer ha conseguido en las últimas décadas, queda mucho por hacer en cuanto a la visibilización y reconocimiento de las mujeres y disidencias sexogenéricas en la historiografía musical realizada en español. Aún existe una falta de documentación y archivos que recojan adecuadamente las contribuciones de estas identidades en la música experimental. Este hecho es especialmente preocupante en un contexto donde las instituciones académicas y culturales continúan reproduciendo narrativas patriarcales que dejan fuera a cuerpos e identidades disidentes. En respuesta a la exclusión perpetuada a través de la historia, se han comenzado a desarrollar contra-archivos y proyectos de documentación alternativos, como la Cartografía en torno a las disidencias de género en la música experimental española, un proyecto en desarrollo que busca mapear y visibilizar a las artistas que han sido sistemáticamente ignoradas (Figura 1). Este tipo de iniciativas, que parten de una metodología crítica y feminista, son esenciales para construir una historiografía más inclusiva y diversa.
Fig. 1: Vista global del mapa de mujeres y disidencias en la música experimental en España
Fuente: elaboración propia
En España, la música experimental ha sido un espacio clave para la autoexploración y la resistencia de mujeres y disidencias sexogenéricas, ofreciendo un terreno fértil para desafiar las normas establecidas y construir nuevas formas de expresión artística. Mediante la experimentación sonora, estas identidades han cuestionado las normas patriarcales y heteronormativas que han dominado históricamente el campo musical. Lejos de limitarse a un espacio de creación artística, se configura como una plataforma para la construcción de nuevas expresiones identitarias y formas alternativas de resistencia política. El sonido y el ruido adquieren, en este contexto, una relevancia crucial, no solo como vehículos creativos, sino como herramientas de subversión social y política.
La exclusión histórica ha dejado una marca profunda en la historiografía musical española, y las estructuras heteropatriarcales continúan reproduciéndose de forma palpable, incluso en espacios alternativos. Por ello, es crucial que la musicología feminista y queer siga trabajando no solo en la recuperación de figuras y obras del pasado, sino también en la creación de nuevas perspectivas que cuestionen el canon y promuevan una representación más inclusiva y plural. Para que este legado sea verdaderamente reconocido y valorado, es fundamental que la musicología académica avance hacia una mayor inclusión y visibilización de estas voces, de estos cuerpos. La construcción de nuevos relatos es clave para lograr una historiografía musical más justa y representativa. La historia de la música experimental en España seguirá incompleta si no se integran plenamente las contribuciones de las mujeres y las disidencias sexogenéricas en el relato dominante. Solo entonces podremos hablar de una verdadera transformación en la forma en que entendemos la música, el sonido y su relación con el cuerpo y la identidad.
El camino hacia una historiografía más justa no está exento de desafíos, pero es un esfuerzo necesario para garantizar que las generaciones futuras disfruten de una escena musical verdaderamente diversa y representativa en términos de pluralidad identitaria. En nuestras manos, la tecnología, las máquinas y el ruido se convierten en armas para subvertir la normatividad estructural, para reclamar un espacio, un terreno que nos fue negado. La existencia y reconocimiento de las artistas olvidadas es una revolución en sí misma, un recordatorio de que lo marginal puede ser el centro desde donde se rehace el mundo.
Asignatura: Trabajo Fin de Máster


