Todo son palabras, el lenguaje es capaz de modificar las capacidades perceptivas de los seres humanos, es capaz de transformar las emociones y por tanto la motivación. Nos hace más abiertos, creativos y flexibles, a la vez que más resistentes, pacientes y persistentes. Las palabras positivas son capaces de provocar estos estados de ánimo en milésimas de segundo y producir importantes efectos en el funcionamiento del cerebro durante muchos instantes de nuestra vida. Entendiendo que esto es así y que tenemos un cerebro especialmente sensible a la expresión del sentimiento positivo, la pregunta que me hago es cuánto de sensible es el cerebro de un adolescente, que todavía se está conformando en su corteza prefrontal, al lenguaje de sus docentes, y además, cuánto de sensibles son sus resultados académicos a un incremento ostensible del sentimiento positivo del lenguaje de sus profesores que directamente provoque una atención y un nivel de motivación mayor en el estudiante de referencia.
Me centro por tanto en la educación reglada, siendo consciente de que la comunicación en el aula es un factor determinante en la relación enseñanza/aprendizaje. Diversas investigaciones han demostrado que el lenguaje positivo de los docentes puede influir de forma directa en la motivación, eficacia y desempeño académico de los estudiantes. La investigación que estoy llevando a cabo se enmarca dentro del campo de la psicolingüística aplicada a la educación y busca analizar el lenguaje de los profesores y su impacto en el lenguaje de sus estudiantes y sus resultados académicos. Por tanto, mi hipótesis de partida es la siguiente: “la expresión de sentimiento positivo por parte de los profesores de Bachillerato y Formación Profesional (Grado Superior) acelera los procesos de aprendizaje, incrementa la motivación y mejora el rendimiento académico de los estudiantes”.
La relevancia o justificación de este estudio radica en la necesidad de optimizar las estrategias comunicativas de los docentes para optimizar los resultados académicos y el bienestar emocional de los estudiantes. A pesar de la abundancia de estudios sobre comunicación educativa existe una laguna en la investigación empírica que relacione directamente el lenguaje positivo y el rendimiento académico. Esta investigación favorecerá la implantación de prácticas lingüísticas basadas en la expresión de sentimiento positivo.
He conseguido que el Instituto de Bachillerato Ortega y Gasset y el Centro de Formación Profesional Nebrija ambos en Madrid, formen parte de este estudio. De tal forma que estoy trabajando con dos grupos de Segundo de Bachillerato de Inglés y dos grupos de Primero de Bachillerato de Lengua en el IES Ortega y Gasset y con dos grupos de Grado Superior de Informática en el centro de formación profesional Nebrija.
En ambos casos he dividido los grupos de cada nivel en dos, un grupo control y un grupo intervención. De tal forma que tengo tres grupos control (Segundo de Bachillerato Inglés, Primero de Bachillerato Lengua, Grupo de Grado Superior de Informática) y tres grupos intervención (Segundo de Bachillerato Inglés, Primero de Bachillerato Lengua, Grupo de Grado Superior de Informática). En ambos casos estoy recabando la siguiente información a través de los siguientes instrumentos:
- Cuestionario pre-test sobre el nivel inicial de ansiedad de los estudiantes (se repetirá al final del curso)
- Cuestionario pre-test sobre el nivel inicial de sentimiento positivo de los estudiantes y docentes (se repetirá al final del curso)
- Redacciones mensuales durante todo el curso, de un mínimo de 150 palabras, escritas por los estudiantes y los docentes sobre diferentes temas para analizar el sentimiento positivo y la intensidad de las palabras usadas en las mismas.
Al final de cada trimestre del curso los docentes me remitirán las notas de los estudiantes y durante el segundo trimestre (Enero-Marzo) he introducido la variable independiente de mi investigación a través de un taller mensual de 1 hora cada taller con los docentes de los grupos intervención. En dicho taller he analizado el lenguaje de cada docente, han recibido un informe personalizado y les he dado consejos prácticos para incrementar la expresión de su sentimiento positivo y la intensidad de sus palabras. Para asegurarme de que están siguiendo dichos consejos durante esos tres meses me mandan un pequeño feedback emocional a través de un grupo de Whatsapp creado a tal efecto.
Al finalizar la investigación me gustaría comprobar lo siguiente:
- Si, efectivamente, se da un incremento en el rendimiento académico en el segundo y tercer trimestre de los estudiantes de los grupos investigación frente a los resultados del primer trimestre, dónde no hubo ninguna intervención, o frente a los resultados académicos de los estudiantes del grupo control.
- Si se da el “efecto priming” en el lenguaje de los estudiantes de los grupos intervención, durante el segundo y el tercer trimestre, por la exposición reiterada al lenguaje positivo de los docentes del grupo intervención debido a los talleres del segundo trimestre. Es decir, si se produce un contagio en el lenguaje de los estudiantes y, por tanto, un incremento en su expresión de sentimiento positivo.
- Identificar la eficacia de las estrategias lingüísticas basadas en el incremento del sentimiento positivo y su intensidad, ofrecidas en el taller, para favorecer el aprendizaje e implantadas por los docentes durante el segundo trimestre.
Por último me gustaría comentar que los cuestionarios, redacciones y resultados académicos de los estudiantes están anonimizados, asignando a cada estudiante un número que favorece el seguimiento y facilita la confidencialidad. También recalcar que el investigador no tiene acceso a las aulas y que toda la información se recoge por los propios docentes, respetando el ambiente natural en el que se desarrollan las clases.
Si los resultados son los previstos tendremos una evidencia empírica del impacto del lenguaje positivo que se traduce en una mejora de los resultados académicos de los estudiantes de Bachillerato y Formación Profesional, una mayor motivación intrínseca y una menor ansiedad ante el error o la propia asignatura de dichos estudiantes. Además habremos identificado patrones lingüísticos eficaces en los docentes para conseguirlo, como por ejemplo, expresiones o estructuras verbales que mejoran la mejor comprensión de los estudiantes de los contenidos. Todo ello habrá significado que el incremento de la expresión de sentimiento positivo de los docentes mejorarán sus prácticas, su relación con los estudiantes y transformarán el clima del aula (ambioma) en un lugar más seguro, confortable y motivador.

