Textos en VIRTUAM

Si no lo atiendo, no lo veo: el fenómeno de la ceguera inatencional

by | Ene 29, 2025 | Psicología

CÓMO CITAR ESTE ARTÍCULO

Peiro Lanchares, Carmen (2025, 29 de enero). Si no lo atiendo, no lo veo: el fenómeno de la ceguera inatencional. VIRTUAM. https://virtuam.net/2025/01/29/si-no-lo-atiendo-no-lo-veo-el-fenomeno-de-la-ceguera-inatencional/

Antes de leer este artículo te invito a ver este vídeo en pantalla completa. En él aparecerán dos equipos pasándose una pelota de baloncesto. Deberás contar cuántos pases de balón hacen las personas con camiseta blanca. ¡No sigas leyendo hasta que no hayas visto el vídeo!

Ahora te pregunto, ¿has observado en la grabación algo extraño? ¿Te has dado cuenta de la presencia del gorila? En el estudio original, realizado por  Simons y Chabris (1999), menos de la mitad de las personas que vieron el vídeo (un 42%) se percataron de la presencia del homínido. Esto se debe al fenómeno de la ceguera inatencional, que es la incapacidad de detectar un estímulo inesperado cuando se está atendiendo a otro objeto o tarea (Mack y Rock, 1998). En este caso, prestar atención a los pases del balón hace que ignoremos estímulos que no esperamos, como el gorila.

La ceguera inatencional también sería la responsable de que no veamos a una persona conocida cuando estamos buscando a otra en una multitud. O que, al estar tan inmersos en una conversación en un bar, no nos demos cuenta de que están poniendo una canción que nos encanta.

Pero ¿por qué ocurre esto? ¿Por qué hay tantas personas que no se percatan de la presencia de un estímulo o situación inesperada mientras hacen una tarea? Esto sucede porque, aunque tenemos la sensación de que nos damos cuenta de todo lo que pasa a nuestro alrededor, nuestras capacidades atencionales son limitadas. De modo que debemos dirigir nuestra atención hacia aquellos estímulos que sean relevantes para lo que estemos haciendo, ignorando lo demás. Gracias a esta atención selectiva (Murphy et al., 2016), fundamental en nuestra vida cotidiana, podemos realizar tareas como mantener una conversación en un sitio ruidoso o leer en el metro.

Sin embargo, lo que es beneficioso en algunas situaciones puede suponer una desventaja en otras. Por ejemplo, si nos concentramos en el libro que leemos en el metro, podríamos ignorar el anuncio de las estaciones y pasarnos de parada. El fenómeno de la ceguera inatencional sería consecuencia directa de la atención selectiva, pues concentrarnos en unos estímulos e ignorar otros puede hacer que no seamos conscientes de la presencia de algún estímulo que tengamos alrededor que, aunque inesperado, pueda ser relevante.

¿Y de qué depende que se pueda detectar o no un estímulo inesperado cuando se atiende a otra cosa? ¿Qué factores favorecen o disminuyen la ceguera inatencional? Según Jensen et al. (2011), estos factores se dividen en dos grandes categorías: las características de la tarea que se está realizando y las características de las personas que la ejecutan.

Respecto a las características de la tarea, se ha observado que, a mayor dificultad, más personas experimentarán ceguera inatencional. Por ejemplo, en el estudio mencionado anteriormente de Simmons y Chabris (1999) había otra modalidad del experimento: en vez de contar el número total de pases que hacían los jugadores de un equipo, los participantes del estudio debían contar por separado el número de pases aéreos y el número de pases que implicaban un bote de la pelota. De esta forma, los investigadores incrementaron la dificultad de la tarea, pues se debían mantener dos cuentas en lugar de una. En esta condición, el reporte de visualizaciones del gorila disminuyó en comparación a cuando debían contar el número de pases en total. Esto parece ser debido a que las tareas más difíciles requieren más recursos atencionales, dejando menos recursos disponibles para poder detectar estímulos inesperados, en este caso, el gorila (Jensen et al., 2011).

Otro aspecto que influye en la incidencia de la ceguera inatencional es el grado de parecido entre el estímulo inesperado y los estímulos relevantes para la tarea. Volviendo al estudio de Simmons y Chabris (1999), el gorila se detectaba en mayor proporción cuando las personas tenían que contar los pases del equipo que iba de negro en comparación a cuando tenían que contar los pases del equipo que iba de blanco.

Del mismo modo, Davies et al. (2013) hicieron un experimento donde cuadrados negros y diamantes blancos se movían aleatoriamente por la pantalla. Las personas tenían que contar el número de veces que los cuadrados o los diamantes se chocaban con el borde de la pantalla. Estos autores encontraron que el 66% de las personas que realizaron la tarea detectaban un cuadrado blanco cuando debían prestar atención a los diamantes blancos, pero ninguno reportó haberlo detectado cuando tenían que atender a los cuadrados negros. Además, lo curioso de este estudio es que no se les mencionó a las personas el color de las figuras que debían atender, sino únicamente la forma. Sin embargo, las personas acabaron guiando su atención por el color. Esto implica que tenemos una tendencia a establecer las propiedades de los estímulos que creemos que son relevantes para hacer una tarea y guiamos nuestra atención hacia esas propiedades. Cuando un estímulo inesperado coincide en esa propiedad que estamos buscando (el color blanco), se detectará más. Así, cuando el estímulo inesperado y los atendidos comparten características, son más similares y esto hace más probable que el inesperado se categorice erróneamente como relevante, de manera que se le dedican más recursos atencionales, y esto provoca su detección (Jensen et al., 2011).

También se ha visto que esto mismo sucede en entornos más cotidianos. Por ejemplo, Most y Astur (2007) llevaron a cabo un estudio en el que las personas conducían un coche en una simulación de conducción donde tenían que seguir unas flechas, amarillas o azules, que indicaban el camino. En un determinado momento, inesperadamente, un motorista se cruzaba en el camino haciendo que las personas tuvieran que frenar repentinamente. Los autores encontraron que se tardaba más en frenar y había más choques cuando el color del traje del motorista no coincidía con el color de las flechas que las personas debían atender. Es decir, si las personas tenían que seguir las flechas azules, era más probable que se chocaran con un motorista que vistiera de amarillo que con un motorista que vistiera de azul. De modo que se vuelve a demostrar que cuando el estímulo inesperado es similar a los atendidos, es más probable que se detecte. Además, este estudio enfatiza el efecto que puede llegar a tener la ceguera inatencional en entornos más cotidianos, como la conducción, y las graves repercusiones que este fenómeno puede producir.

En cuanto a las características individuales que podrían influir en la detección del estímulo inesperado, no se ha encontrado que ningún rasgo de personalidad ni ninguna característica cognitiva pueda influir en esta cuestión (Simons et al., 2024). Esto ha llevado a los autores a concluir que el fenómeno de la ceguera inatencional depende más de factores de la situación o relacionados con la tarea (Kreitz et al., 2015; Simons et al., 2024).

Un factor que se ha pensado que podría estar influyendo es la experiencia: si una persona es más experta en un tipo de tarea, entonces tendrá que dedicarle menos recursos atencionales y detectará estímulos inesperados más fácilmente (Fougnie y Marois, 2007). Sin embargo, empíricamente no se ha demostrado que la experiencia nos haga menos propensos a experimentar ceguera inatencional (Ekelund et al., 2022). De hecho, en un estudio realizado con profesionales de radiología (Williams et al., 2021) se encontró que, a pesar de su experiencia, los profesionales fallaban en detectar anomalías clínicamente relevantes en radiografías cuando se les pedía que atendieran a un tipo concreto; sin embargo, sí que reportaron haberlas visto cuando se les pedía que atendieran a un rango más amplio de anomalías. De nuevo, este estudio pone de manifiesto la alta relevancia de las consecuencias que puede acarrear este fenómeno, especialmente en el contexto médico.

Sabemos que las personas tenemos unas capacidades atencionales limitadas que nos obligan a dirigir la atención hacia estímulos relevantes para nosotros. Y esto nos permite realizar tareas de la vida cotidiana de forma más sencilla, pero también puede hacer que ignoremos información importante. Por este motivo, saber que la ceguera inatencional no es simplemente un fenómeno anecdótico que se observa en el laboratorio, sino que está muy presente en nuestras vidas y que tiene consecuencias significativas, puede ayudarnos a prevenir situaciones que comprometan nuestra seguridad, decisiones o desempeño en distintas actividades. Por ejemplo, en el ámbito de la seguridad vial, se podría diseñar ropa de seguridad para motoristas y ciclistas que sea consistente con los colores de las señales de tráfico, aumentando así su visibilidad y reduciendo la probabilidad de accidentes. En el contexto de la medicina, se podría animar al personal médico a no restringir excesivamente la búsqueda de patologías para minimizar el riesgo de que pasen alguna por alto. Comprender la ceguera inatencional nos ayuda a mejorar nuestro desempeño en tareas concretas y nos invita a reflexionar acerca de nuestras capacidades atencionales, recordándonos que no somos conscientes de todo lo que pasa a nuestro alrededor.

*Me gustaría expresar mi agradecimiento a Beatriz Gil Gómez de Liaño por introducirme en esta temática que he abordado y por darme la oportunidad de realizar mis primeros estudios, y a Victoria Plaza, por transmitirme la importancia de la comunicación científica y por guiarme en el proceso de redacción de este artículo.

QR Code

Áreas de conocimiento

Asignaturas

Estudios

Archivos

Boletín mensual Virtuam

Si quieres recibir regularmente novedades de nuestra plataforma de publicación de textos, suscríbete gratuitamente a nuestro boletín mensual con las últimas publicaciones en Virtuam y otras noticias de interés.

Servicio de Formación de Usuarios

Biblioguía con la información de los cursos de formación impartidos en las bibliotecas

Compartir esto