Como expone este artículo de la BBC, varias mujeres en la política actual muestran cómo el discurso y la lucha feminista están siendo reapropiados para dar voz a valores tradicionales. La primera ministra italiana clama la protección de “la madre de familia” mientras que Le Pen se caracteriza por su discurso xenófobo e islamófobo que señala a los extranjeros como la amenaza real de las mujeres. Siendo estos dos ejemplos tan complejos y con retóricas únicas que les diferencian en diversos aspectos, el punto en común del movimiento ultraconservador es la demonización del feminismo. Además, algo que tienen en común las mujeres políticas ultraconservadoras es un rasgo muy visible en las sociedades neoliberales: el logro mediante la individualidad, no mediante luchas sociales. En este ensayo se explorará esta problemática entendida dentro de las dinámicas de un mundo neoliberal, el cual amenaza a la democracia a través de discursos reaccionarios que vacían cuestiones complejas (como el feminismo) para convertirlas en una amenaza moral.
Comprender las dinámicas del neoliberalismo se resume en opacar las cuestiones de justicia social o reivindicaciones políticas en pro de lo económico, es decir, las instituciones como el Estado son guiadas por el mercado, teniendo especial relevancia el mercado internacional. Como señala Wendy Brown, defensores del liberalismo como Hayek han desarrollado la lógica de que los mercados y la moral son la base de la libertad, el orden y el desarrollo de la civilización (Brown, 2019, p. 43). Entender el neoliberalismo como un proyecto económico-moral es clave para analizar los discursos antifeministas actuales.
Pero ¿por qué es el feminismo una amenaza? Esto se preguntó Butler en una de sus recientes obras, Who is afraid of gender?, donde explica que las cuestiones feministas actuales se están demonizando a través de la creación del “fantasma” del género. El género se ha vaciado de su complejidad teórica para ser reapropiado como un enemigo simbólico. De esta manera, podemos ver cómo la política conservadora da un giro discursivo de manera que acusa a la llamada “ideología de género” de colonización y totalitarismo (paradójicamente, sus métodos). Existen muchas problemáticas que temer legítimamente de nuestro mundo actual en las economías neoliberales (desastre climático, migración forzada, precarización, violencia machista lgtbifobia,…) pero desde el discurso reaccionario se crea una lista muy diferente de preocupaciones: la unidad familiar heteronormativa, las olas migratorias que amenazan las ideas tradicionales de nacionalidad, el mantenimiento de los valores cristianos, etc. (Butler, 2024, p. 5). Como se ha mencionado anteriormente, las instituciones son el altavoz de los discursos que vacían las causas sociales usándolas como armas desorientadoras que refuerzan las políticas autoritarias. desde el Vaticano demonizando el aborto hasta la administración de Trump teniendo como uno de sus principales temores la transexualidad.
Un análisis de los discursos de las dirigentes antifeministas demuestra perfectamente el fenómeno mencionado. Casos como el de Giorgia Meloni o Isabel Diaz Ayuso permiten desarrollar la complejidad de la lucha feminista en estos tiempos, ya que, por una parte, ejemplifican que la simple representación femenina en la política para nada conlleva una mayor justicia social en cuestiones de desigualdad de género si se mantienen las dinámicas patriarcales y, por otra parte, demuestran como se instrumentaliza la “protección a las mujeres” en beneficio de intereses xenófobos, tránsfobos, homófobos, etc. Hay claros ejemplos de importantes políticos que representan el liderazgo masculino heteronormativo antifeminista (como puede ser Viktor Orbán, Javier Milei, etc), pero estas mujeres tergiversan el discurso desde una posición femenina creando un escenario gris y confuso. Cómo explica Verónica Gago en el podcast “Los monstruos andan sueltos”, la nueva derecha hace uso de estos perfiles para “desmentir” los feminismos (Gago, 2024). Por ejemplo, el discurso de la presidenta de la comunidad de Madrid este 8M deja declaraciones como “Se han querido borrar los sexos, especialmente el femenino, como se quiere borrar la versión española del mundo”. En esta breve oración ya aparecen tanto la intención de atemorizar a través de la idea de la imposición, como meter en el mismo saco temáticas muy diferentes dentro de la agenda de preocupaciones “fantasma”. Otras declaraciones, en este caso de Meloni, muestran como este método discursivo se repite: Así que la identidad nacional está siendo atacada, la identidad religiosa está siendo atacada, la identidad de género está siendo atacada, la identidad familiar está siendo atacada. No debo poder llamarme italiana, cristiana, mujer, madre, ¡no! Debo ser ciudadano X, género X, padre 1, padre 2, debo ser un número […]. Defenderemos a Dios, la patria, la familia, que tanto odian algunos“.
Ahora bien, la realidad es que estos son discursos apoyados por parte de las sociedades actuales, incluidos los jóvenes, aquellos que viven de primera mano la individualización extrema en la nube de confusión que tanto caracteriza a este siglo. La ola reaccionaria antifeminista no deja de ser una respuesta a las inseguridades de las sociedades neoliberales, las cuales se ven proyectadas por las ultraderechas generando temores irreales que les alejen de problemáticas estructurales mucho más complejas y que proponen un orden “natural”. En el podcast antes mencionado, exploran el avance de los antifeminismos a través del caso de Argentina, donde triunfó la ola reaccionaria en las pasadas elecciones. Verónica Gago menciona la fantasía de restauración que Butler destaca y que se basa en una agenda de retrocesos en términos de justicia social añorando un tiempo idílico mejor. Esto permite escapar de las complejidades de la sociedad, permite una respuesta a la desestabilización de las masculinidades. Pero lo que se ignora de estos movimientos es su gran fuerza antidemocrática, pues sus simpatizantes argumentan que esas agendas reaccionarias son elegidas democráticamente, pero el concepto de democracia va mucho más allá de las urnas.
Las autoras que exploran el fenómeno del antifeminismo dentro de la ola neoconservadora acaban conduciéndonos a un debate sobre la democracia. Sin plasmar una conclusión vaga sobre este tema tan complejo, no se propone simplemente la idea de que los reaccionarios amenazan la democracia, sino que se presenta un debate más profundo sobre el concepto de democracia en sí. Wendy Brown comienza su libro Undoing the Demos: Neoliberalism’s Stealth Revolution exponiendo la complejidad del término “democracia”, el cual es un concepto en constante disputa (Brown, 2025, p. 9). La idea de democracia que desde el propio neoliberalismo se ha exprimido es el hecho de que los ciudadanos participen en un proceso electoral en el que los dirigentes son elegidos “libremente”. Pues bien, como señala Brown, el neoliberalismo no destruye por completo las instituciones de la democracia liberal, sino que las desfigura y las inutiliza al vaciar su contenido. Las corrientes neoconservadoras que anhelan el regreso de las jerarquías de género no tienen por qué negar la democracia, de hecho, esta es instrumentalizada para legitimar las políticas antifeministas que al final se desarrollan por un gobierno electo. Este punto es clave para comprender cómo el debate no es tan simple o binario como democracia sí, democracia no, es un debate sobre cómo el concepto de democracia extendido en las sociedades neoliberales es obsoleto y no es capaz de explicar las realidades sociales. Como Brown argumenta, “la democracia también requiere un sólido cultivo de la sociedad como el lugar donde experimentamos un destino vinculado, donde somos más que individuos o familias, más que productores económicos, consumidores o inversores, más que meros miembros de una nación y más que nuestras diferencias” (Brown, 2024, p. 44). Como también Butler señala en sus escritos sobre el antifeminismo, entendiendo la democracia como un debate público plural dentro de la sociedad, el discurso antifeminista, que defiende cerrar espacios deliberativos y limitar derechos, es altamente antidemocrático. Pues defender el género como categoría critica es defender la igualdad y la posibilidad de vivir sin miedo, condiciones indispensables para una verdadera democracia.
Como conclusión, para entender el auge del antifeminismo hay que analizar cómo el sistema neoliberal crea un marco de amoralidad donde lo económico es lo que debe guiar a la sociedad opacada por las grandes instituciones que solo buscan eficacia y competencia de mercado. Y dentro de este marco, los discursos que tachan al feminismo de impositivo, de “ir demasiado lejos”, surgen como respuesta exponiendo una lógica “natural” que es conformada por los valoren más tradicionales. Pues en el neoliberalismo las causas de justicia social no tienen cabida, teniendo en cuenta que desestabilizan la retórica que sostiene el propio sistema. De esta manera, surge una respuesta caracterizada por el temor y desorientación. El feminismo crítico que debate sobre los discursos que se reproducen con el género desafía al sistema patriarcal y, como se ha explicado en el párrafo anterior, abre la discusión tan fundamental en las sociedades como el propio concepto de la democracia.
Asignatura: Teoría Social

