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La reserva cognitiva como factor de protección para el futuro y patologías cerebrales sobrevenidas

by | Ene 23, 2025 | Psicología

CÓMO CITAR ESTE ARTÍCULO

Martínez Cantera, Cecilia (2025, 23 de enero). La reserva cognitiva como factor de protección para el futuro y patologías cerebrales sobrevenidas. VIRTUAM. https://virtuam.net/2025/01/23/la-reserva-cognitiva-como-factor-de-proteccion-para-el-futuro-y-patologias-cerebrales-sobrevenidas/

Cuando pensamos en hábitos saludables en seguida nos vienen a la cabeza ideas de que serán para tener una mejor adultez y vejez a nivel de calidad de vida. Lo que sucede es que se nos ocurren sobre todo cuestiones que atañan al ejercicio físico, a la buena alimentación y semejantes, pero en ocasiones no tenemos en cuenta que puede haber otros factores que debemos cultivar, y que son potentes factores de protección, tanto para una buena calidad de vida mental, como para hacer frente a posibles patologías cerebrales y neurológicas sobrevenidas, como es la reserva cognitiva.

A medida que crecemos experimentamos un deterioro cognitivo en mayor o menor medida. Debemos tener en cuenta que,  al menos en España, existe una población envejecida donde cada vez hay más personas mayores y es porque vivimos más. La media aproximada en el país es de 83 años (INE,2022). Por otro lado, sabemos que hay diferentes patologías que tienen efectos a nivel cerebral y que afectan a la vida de las personas. Encontramos lo que serían procesos de envejecimiento habitual, después aquellos donde se ve fragilidad cognitiva donde se mezclan fragilidad física y deterioro cognitivo leve (Chacón-Valenzuela et al., 2019), y después podríamos encontrar diferentes trastornos neurocognitivos (que antes se llamaban demencias) y otras enfermedades como la Enfermedad de Alzheimer.

Por otro lado, tenemos la presencia de patologías cerebrales sobrevenidas, como son los accidentes cerebrovasculares, o más comúnmente llamado ictus. Aunque es más probable tenerlos a mayor edad, es cierto que existen factores como antecedentes familiares o patologías de la persona que podrían hacer que se diese esta patología sin necesidad de tener una edad muy avanzada. En los ictus observamos cómo resulta una zona del cerebro infartada que queda inútil y no se recupera. Con ello, además de lo antes mencionado, existen factores de riesgo modificables, o donde se pueden ver reflejados hábitos como son el tabaquismo, la dieta, el sedentarismo, etc (Murie-Fernández et al., 2010).

Los dos panoramas mencionados anteriormente, entre otros,  tienen un denominador común y es que conllevan una pérdida de habilidades cognitivas para la persona. Esto va desde los problemas de memoria hasta los problemas en funciones ejecutivas tales como la organización, planificación, toma de decisiones, etc.

En este punto es donde se encuentra la relevancia de hablar de reserva cognitiva. ¿Y qué es eso? Es un concepto utilizado para hacer referencia a la capacidad de nuestro cerebro de reorganizarse y adaptarse ante un deterioro cognitivo (Stern, 2002). Es decir, que las personas que tienen una buena reserva cognitiva pueden aguantar más neuropatología sin presentar cuadros clínicos graves. Es una compensación que hace nuestro cerebro cuando hay algún problema. Este mecanismo sería activo e iría en busca de las alternativas más eficientes (López-Higes et al., 2013). Para entenderlo podemos usar una metáfora. Imaginemos que el cerebro es una red de carreteras que necesitan estar activas para que todo funcione bien. Entonces pasa algo, y parte de las carreteras quedan inhabilitadas. La reserva cognitiva permite buscar rutas alternativas para que no sea necesario usar esas carreteras estropeadas, y que además todo pueda funcionar de la mejor manera posible.

Ahora que esto está explicado lo más normal es hacerse una pregunta, ¿y cómo consigo yo una buena reserva cognitiva? Es importante aclarar que la reserva cognitiva es algo que se construye durante la vida, no es algo que aparezca de un día para otro. Es cierto que autores afirman que hay parte que se hereda, pero también está la evidencia que apoya que aunque se herede, es algo que se puede mejorar y que la expresión fenotípica de esos genes heredados depende de diferentes elementos (Díaz-Orueta, et al., 2010). Entre esos elementos se encuentra el nivel educativo de la persona, la ocupación cerebral, la actividad cognitiva durante la vida, la actividad física e incluso la estimulación social y relaciones sociales a las que se expone la persona a lo largo de su vida (Solana y Cattaneo, 2018).

La moraleja de todo esto es que eso que nos dicen nuestros familiares de que estudiar es importante parece no ser un simple comentario que se hace a la ligera aunque pueda parecerlo. Por otro lado lo mismo pasa con la ocupación, parecer ser que el trabajar en puestos donde hay que tener la mente activa puede contribuir a mejorar esta reserva cognitiva frente a trabajos repetitivos o que no exijan un gran ejercicio cognitivo. Además de eso, sale a la luz, como en tantas otras ocasiones, la importancia de nuestras relaciones con otros y el estar estimulados por los demás, algo lógico dado que somos seres sociales y vivimos en comunidades que necesitamos para poder existir. Es imprescindible hacer también mención a realizar actividades de estimulación cognitiva. Esto incluye desde ir a museos, leer, escribir, escuchar música o cualquier actividad que estimule cognitivamente a la persona y si puede ser de forma activa mejor. Esto al final será crucial para construir una buena reserva cognitiva.

Por otro lado, también nos da información sobre indicadores que pueden ser un riesgo y que debemos abordar como son la soledad o el sedentarismo. Esto incluye que incluso y tras haber diagnosticado la patología es necesario seguir cultivando estas acciones para poder seguir contribuyendo a esta reserva. Podría esto hacernos reflexionar y hacernos entender que cuando alguien ha tenido un ictus o tiene Alzheimer no es cuestión de infantilizar, ni pensar que esa persona no puede. Es justo lo contrario, hay que estimular de forma constante e intentar que se hagan cosas de forma activa para poder fortalecer la reserva cognitiva.

En conclusión, además de los hábitos saludables que todos y todas tenemos claros cómo tener una buena dieta y hacer ejercicio deberíamos incluir estudiar, leer, tener buenas relaciones sociales y hacer actividades que nos estimulen mentalmente ya que eso también va a tener un impacto en nuestra vejez (y no vejez) y que puede jugar a nuestro favor ante diferentes neuropatologías que puedan aparecer a lo largo de nuestra vida. También deberemos fomentar esto en las personas de nuestro alrededor y que pueden ser vulnerables a este tipo de patologías.

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